Eduardo Urueta

Amigo

Amigo:

en estas horas donde no sé dónde estás

tengo la certeza de que me acabo la noche pensando en ti.

Que estás retrasando mis ojos cerrados

y te acaricio en la oscura e íntima sabiduría

de la soledad en pie.

Te escribo para rasuñgar la distancia difícil

y acabar de una vez por encadenarnos

en un cuaderno.

 

Yo, amigo tuyo, simplicísimo,

nocturno en la noctura.

Tú, no sé si amigo mío,

de timbres dulces, vivísimo en el silencio.

Los dos hemos tenido la misma gota en la cabeza

sin darnos cuenta.

 

Hombre volador

no sé si eres nube o albatros

por blanco de aveces

y largo de otras.

 

Tu idioma de mar,

el ámbito de antaño,

otrora tus ojos sanos, de cauces congelados.


Quiero que me hables de tus letras que escribes para ti solo

de tu libreta en el oído de las hojas

que ni tú oyes.

 

Quiero, tentador amigo, proceder al amor

con arrugas en las manos.

Quiero fracasar en la catarata

y anunciarte que no moriré sin confiarte

que viví pensando que tú siempre

tenías el luto necesario y justo

para mojar la mejilla

que ahora se resiste a la sed, por ti.

Anunciarte el malherido remo

que anega la postura

de ir moliendo la piedra.


Amigo, eres un poema difícil,

desde el claroscuro de la idea

hasta la fatalidad del fin.

 

(6 Septiembre de 2011 )