ronald tadeo ramirez elizalde

𝐀𝐌𝐎𝐑 𝐄𝐓𝐄𝐑𝐍𝐎

Hay noches en las que el universo parece guardar silencio, como si las estrellas dejaran de arder para escuchar el nombre que mi alma pronuncia desde que llegaste a ella.

 

El tuyo.

 

No creo que nuestro encuentro haya sido un accidente. Hay almas que se buscan durante siglos, que se reconocen antes de mirarse, que atraviesan vidas enteras persiguiendo el eco de un amor que el tiempo nunca consiguió borrar. La mía llevaba una eternidad caminando hacia ti.

 

Desde que apareciste, comprendí que el destino no escribe con tinta, sino con latidos.

 

Hay algo sagrado en lo que siento por ti. No es sólo amor; es una fuerza antigua que me atraviesa, como si antes de nacer ya hubiera prometido encontrarte. A veces cierro los ojos y tengo la extraña certeza de que mi corazón te recuerda desde un lugar donde la memoria no alcanza, como si hubiera aprendido tu nombre mucho antes de que existiera el lenguaje.

 

¿Cómo explicarte que ya no sé dónde termino yo y dónde empiezas tú?

 

Te has convertido en la oración que mi alma repite cuando el mundo duerme; en la luz que atraviesa mis sombras; en el milagro que sostiene mi fe cuando todo parece perdido. Si el universo tuviera un centro, estoy seguro de que allí también viviría tu esencia.

 

He amado el cielo porque imagino que tus ojos guardan su misma inmensidad. He amado la lluvia porque cada gota parece traer noticias tuyas. He amado la noche porque en ella puedo cerrar los ojos y sentirte tan cerca que el vacío deja de existir.

 

Y, sin embargo, también he conocido la nostalgia más profunda.

 

Porque hay un dolor que sólo conoce quien ama de verdad: el de abrazar con el alma a quien los brazos todavía no alcanzan. Ese dolor no me destruye; me convierte en alguien capaz de esperar una vida, mil vidas, si al final de todas ellas vuelve a encontrarte.

 

Si algún día el tiempo decidiera apagar mi voz, seguiría buscándote en el murmullo del viento. Si el destino cerrara todos los caminos, aprendería a llegar hasta ti convertido en luz. Y si la muerte creyera que puede separarnos, descubriría demasiado tarde que existen amores que ni siquiera ella tiene el poder de romper.

 

Porque el amor verdadero no pertenece a los calendarios.

 

Pertenece a la eternidad.

 

Quisiera que, cuando mires la luna, recuerdes que en algún lugar del mundo hay un corazón que late con el mismo ritmo con el que pronuncia tu nombre. Que cada estrella es un \"te amo\" que no encontró espacio en mi pecho. Que cada amanecer es una promesa silenciosa de seguir eligiéndote, aunque el universo entero intentara convencerme de renunciar.

 

Y si alguna vez dudas de cuánto significas para mí, escucha el silencio.

 

Porque allí donde las palabras terminan, comienza el idioma con el que mi alma te ama.

 

No te amo por lo que eres únicamente en esta vida.

 

Te amo como se ama aquello que siempre estuvo destinado a encontrarse.

 

Y si existe otra existencia después de esta, volveré a buscarte. Si hay otro cielo, volveré a pronunciar tu nombre. Si hay otra eternidad, volveré a elegirte.

 

Porque hay amores que no nacen en el tiempo.

 

Nacen en el infinito.

 

Y el mío, amor de mi vida, siempre encontrará el camino de regreso hacia ti.

 

Dulces sueños.

 

Nos veremos esta noche, allí donde los sueños y la eternidad dejan de ser dos cosas distintas.