carminha nieves

UN POCO DE UNA TARDE

 

 

 

Mirando como las olas fuertes irrumpía por las rocas, haciendo espuma blanca, oyendo su ruido, pensé que alguien muy poderoso tuvo que hacerlas. Volví la mirada y en la arena dos gaviotas, andaban serenas y sin miedo paseando, buscando quizá algo para comer. Ahí me vino al pensamiento, que en mí playa a donde paso las vacaciones, mismo que se quiera quedar un poco después de las ocho horas de la tarde, es imposible, de tantas que bajan y como si nada fuera invaden nuestro sitio, desde sillas hasta las toallas. Por allí andan parece que no estamos y que no hay tanta de gente, niños algunos jugando a la pelota, otros corriendo. Yo tenía que ser como ellas, no dejar mí sitio a otros, estar serena y no oír el ruido, de la ingratitud, que entra en nuestros sentidos y me hace tanto mal.

Volví a mirar las olas y las rocas, de nuevo mí pensamiento se fue y pensé, son como la amistad de algunos, vienen con fuerza, pero por poco tiempo, desaparecen, sin ruido, la llegada sí, es ruidosa, como si fuera una cosa apetecida, pasado algún tiempo, vuelven a sus hábitos y ya no somos maravilla, solo ya fuimos. Sentada en el muro, oyendo la gente a pasar, imaginé como vivirían y como serian sus vidas, si serian como yo que miraba la belleza del mar, del cielo pintado con manchas grises y blancas, las gaviotas, tan orgullosas con su pequeña cabeza mirando a los demás llenas de garbo y al mismo tiempo pasmadas, de curiosidad.

La tarde estaba terminando, un frio avergonzado empezó a despertarme, cuando la brisa me rozaba las manos y la cara, se estaba levantando un poco de viento, me levanté y empecé a caminar para la cafetería, a tomar un cortado.

Me senté a una mesa, fui atendida como siempre, por la chica simpática y volví a imaginar que estaba en una típica playa de pescadores, en su bar, unos ya con barba y pelo blancos, la cara morena y masacrada por el salitre, otros más jóvenes, con sus camisetas rozadas, de un blanco amarillado, de tanta lavaje, en este momento me trajeron mí pedido y volví a la realidad.

Eché azúcar, cogí la cuchara, dos o tres vueltas para deshacerlo y me fui otra vez a mis reflexiones, era lunes, de semana santa, seguro que el tiempo se va a volver gris, lloverá, normal, la naturaleza estará triste su creador hace mucho tiempo fue crucificado, si los hombres no se importan, peor para ellos, sufrirán su desatención y serán castigados. Dios puede tardar pero nunca falta.

Me he dado cuenta que el cortado estaba templado y lo tomé, mientras oía los que estaban, en la mesa al lado, a comentar como iba a ser bueno la semana de vacaciones, solo beber y pasar las noches en discotecas.

Lástima el tiempo moderno haber quitado tradiciones y valores, mismo no siendo católico, por lo menos ser hombre y mujer con inteligencia y saber vivir saludablemente.

Es lo que hay, tenemos que no mirar, dejemos a sus padres el deber de darles un poco de conocimiento de lo que es la vida.

Fui a pagar, mí cortado, saludé la empleada y haciendo un esfuerzo, marché para casa mirando a donde ponía los pies, para no dar ningún tropezón en alguna piedra suelta.