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129. SE MARCHÓ… DE MI NO SE DESPIDIÓ

[en mi Manizales del alma]

 

Él no se despidió… Silencioso marchó.

Inesperada noche… Planificamos mañana.

 Una pregunta inquietaba. Una respuesta esperaba...

 De mí no se despidió. Efímero marchó.  


 

Afloró la decepción. Un ser querido marchó.

Nunca más regresó… De nadie se despidió.

Acaeció en otros tiempos: su marcha re-iniciaba

tras un corto re-encuentro. Mi corazón prisionero

lágrimas en silencio por doquier derramaba.

Nunca se resignaba a su alma de aventura. 
 

Llegaron las primeras letras en una infancia temprana

 de la mano del primer maestro quien la poesía mezclaba

 con muchas sumas y restas que a múltiplos reducía,

 un poco de ciencia en juego antes de la escuela pisar.  

 

Su voz baja era pausada al orientar la enseñanza

y así para corregir y en cada equívoco proclamar.

Sus manos cálidas eran. Su mirar fijo y calmado

en otras veces extraviado, cuando poesía declamaba.

 

Su voz potente resuena para “La gran miseria humana”,

también “El gato bandido” y “La perrilla” sarnosa

que pretendía otra cosa, en su repertorio estaban.

La habilidad de escribir en su vena palpitaba.

 

Hoy lo recuerdo confusa, con abatida alegría,

se mezcla la nostalgia viva a la soledad de su ausencia

que navega en desconcierto sin entender el impedimento.

 

El viejo dejó la vida, como a Chuchito pedía:

Anochecer y no amanecer. Fue así que el viejo marchó.

De mi no se despidió, a la Mansión Eterna

su último viaje emprendió y de allí  no regresó.

 

Gran tristeza y dolor inundaron un corazón.

Sin canción, sin poesía, sin juego ciencia en la mesa,

sin compartir más ensayos. Marcó la ausencia del viejo.

 

Hoy hay resignación, entretejidos recuerdos,

aún visitan mi mente, en agitado revuelo

cual inquietas mariposas que se posan azulosas

para tímidamente escapar en el instante siguiente.

 

A Chuchito en  mi plegaria pido lo tenga en su preferencia

porque enseñanzas miles dejó en infantes corazones.

Ese viejito querido en este viaje de vida

correspondió ser mi papá y compartió lo que sabía

con enseñanza y simpleza. Fue así que el viejo viajó.

De mi no se despidió… De nadie se despidió.

 

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