ARIOSTO

ÚLTIMOS MOMENTOS

 

 

Cuando ya mi cuerpo derrotado
-veo un tranquilo mar en la agonía de mi sueño-
se entrega exhausto y definitivo
al dulce abrazo de la muerte,
siento tu seguro paso llegar puntual a la cita.

Contemplo tu delgado rostro marcado
por la ansiedad infinita de nueva compañía.
¡Con qué afecto detienes mi última mirada!

Sólo te tengo a Ti, Silencio palpitante,
mano invisible que cierra mis ojos.
¿A dónde me conducirán tus pasos?

He dejado borradas
-ved las pobres paredes de mi vida-
todas las preguntas y respuestas a mi pasado.
Por eso este hogar queda vacío
y abiertas sus ventanas para siempre.
No queda nada de mí.

Recoged aquellas piedras que anidaron mi camino
esparcidas por la prisa de mi marcha.
Ya sólo soy nube, pájaro, casi aire:
unas pocas cenizas olvidadas al viento.
Pero al romper la lluvia mi última atadura
te habré abandonado para siempre, ¡oh Madre Tierra!