RICARDO ALVAREZ

-1 - HOJAS LIBRES -- 2 --LA CALLE DE LA NEBLINA

- 1 - HOJAS LIBRES

¡Que alegría amada!

Los verdes pastos

enmarcando árboles.

Los besos sin nombre

bajo la sombra trotante.

Algún  pie inquieto

al vientre del lago

evocando el camino del sol

cuando paseaba el azul entusiasmo

en las bocas de encanto.

 

Las hojas de la tarde se

bambolean sin dolores y

juegan con la luz que ilumina/

La cauca desciende más

su vertiente estandarte

y en tobogán desliza la gota del arte.

La luna advierte 

estrenar una sonrisa

donde el cedro estira sus verdes

en un muelle ornado de flores/

 

Festival de colores viste el tulipán,

Felicidad  carmesí de tus labios

a mis pies de merecidos honores/

Un arpa blanca de lámpara universal

a cada verso mío canta

con la pura voz del frutal.

La claridad se hace errante

y el próximo negro vuelve

con claridad fragante

tocando los pórticos con su dedo grueso/

 

Aquí amor entra el alma renovada

en la variada pared del bosque

donde danzan nuestras figuras de espejo/

Las piedras marcan el rumbo contemplante,

en la nocturna flor exprimiendo gotas

se bañan las corolas en cada raíz saliente

y el ave de Cupido picotea el fruto del diamante.

Aquí somos parte sustancial del ambiente.

Hojas libres rozándonos sin alambre/

 

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- 2 - LA CALLE DE LA NEBLINA

 

Es la avenida del silencio...

 

Solo las hojas cantan

en la ancha claridad del aire

donde el viento envuelve su propia voz/

La vastedad se hace espacio desnudo,

algún temblor vibra la grisina de una casa

y una enredadera como alga desesperada

aferra su cuerpo a los barrotes como un nudo/

 

Yo voy flotando en la tarde libre de horario.

Nada soy si no abandono...

Abandono de mano ajena que me ha abandonado

como el fijo destino que destierra los anhelos

pero aun mi boca de agua protesta en deletreo/

A los vuelcos. Tropiezos y giros

me animan los troncos espías memoriosos de besos/

Mimetizo mis pies de caracola herida

que a cada paso resuma música de alarido

y la acera me inclina su antiguo canto entonado/

Al fondo...

Ya nadie espera mi llegada..

Me hago del viento y el viento

es brisa fuerte siempre peregrina/

Sigo con mi apagada sombra sola conmigo

y los largos silencios van ahogando mi canto marino

en la tarde que aprieta

como desierto cinturón de  madrugada/

 

Entre los fuertes árboles de la calle

me sostiene una paralela de dos brazos esforzados.

Por detrás y delante mío sigue constante

mi sombra compañera,

para mitigar el abandono de las voces

taconea cuando caigo a cada esquina/

 

A los flancos la deriva hace su espera

y la infinidad de la calle se hace gruesa avenida.

Va encerrando mi palidez de negra harina manoseada

sin que expulse su blanco puro amasijada/

Recuerdo mi antigua marcha en esta calle

cuando el sol brillaba sin jaula

y la luna esculpía sonrisa cristalina

antes de mis abandonadas manos tibias

que hoy lucen gélidas de herrumbre/

Perpetua condena de iguales días/

La calle es del viento y el viento no declina,

persigue mi atlas errante de soplada lumbre

apagado en fuertes brisas/

Riego de agua pesada al aceite de mis alas golondrinas/

Mis dos alas que no se amigan ni planas se enderezan

cuando mis húmedos pies transitan la niebla espesa/

 

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