Isaac Amenemope

Lunariego

Seguiremos en manos de la contradicción,

tratando de enseñarnos a costas del cauce del destino,

de la corriente humana de la que somos partes.

desde este lado de la noche

la ventana de mañana,

el hilo de la luz que se teje

entre las aristas refractaria de Orión,

y el desordenado paralelo compuesto de personas;

colocamos una muralla de afinados cuidados

en torno al placer que nos produce amar,

y de un salto

nos llevamos hasta las profundas rompientes

en que han flotado siempre a salvo

nuestros mas naturales sentimientos,

protegidos por los Dioses de la Eneada,.

damos mas de un fin a nuestros días,

y alcanzándolo

nos dejamos vencer por el aliento presuroso de la felicidad,

caemos en cuanta para desarmarlas,

y haciéndolo quedamos a merced de la distancia,

de ese inalterable cuadro maduro de hojas,

de colores soñados al margen de la vivacidad,

cercado por la calma y la inocencia,

por el ojo y los gestos sedientos del jardín.

truncamos la secuencia,

y con ello la oportunidad de pasar ilesos,

al intentar editar la mejor parte del presuroso recorrido.

confiamos todo a la esencia-presencia,

despidamos al mirar;

como si en cada pulula

de las que cazan el mundo

se hubiera extinguido el brillo

y vence íntimamente la tiniebla....

escogemos un resto flotante

de profundidad para elevarnos

hasta la punta sobreviviente de la isla

donde nos esperan los Dioses.

y con las raíces del Alma y Corazon

nutrida de corales

asimos el pupilar atolón

para que la luz naufrague,

para que el sueño vage,

y la sensación persista,

para que el pienso brote sobre nuestros cuerpos,

y descanse eterno inconfundible de nuestra Magia...

A nuestro alrededor siempre estuvo el cielo abatido,

infiltrándose a bocanadas de azul

sobresaturado e invisible por nuestras ventanas...

a nuestras espaldas lo inmenso

y lo devuelto

lo reolvidable

y lo intacto....

así...

las cosas que hoy puedan figurarse grandes

siempre fueron como el salto de la nieve,

como en la punta de la Pirámide Dorada,

destellando en lo mas alto,

como el filo de la noche resaltando en la negrura.

han sido los pasos huellas desconcentrantes en las nubes,

pájaros abatidos

por el incontenible desenfreno de la lluvia,

intromisiones de parte de la plenitud...

un tendido de omisiones

que no cabe

que se descarrila corazón abajo.

las acciones otorgadas

como prendas a la fugacidad

han volado antes

presurosas de las manos

han sido del detalle

lo que el sonido del pasador a tus oídos.

¿por dónde empezar a revisarse la piel?

cada secreto repentino empujado

por el gozo a resbalar a esconderse

airoso en la campanada,

es idéntico al lugar que nace mientras dormimos,

es en el rabo de la consecuencia

el tenue impacto que desdibuja los destino.