carminha nieves

LA MIRADA, DEL RECUERDO

 

 

              Deambulando, por la inmensa casa, llena de muebles antiguos, con sus historias de otras casas, rellenos de lo que ha comprado con sacrificio y con su trabajo, la mujer, mira, las piezas antiguas, las platas, todo un pequeño museo, hecho por ella, como hormiga incansable, a transportado, de anticuarios una pieza de cada vez, le gustaba, normal, cuando se casó, poco tenia suyo, hasta la alfombra de la entrada era una manta de cama, teñida de verde, no estaba mal, pero ella quería más, mismo al quedar embarazada, una cuñada le prestó un blusón para vestir, el vientre, cada vez mayor ya no cabía en la ropa que había traído cuando se casó.

La mujer, pensativa, preguntaba  lo que tenía que hacer, con todo lo que existía.

La casa estaba muerta, no había vida, estaba sola, sin familia, sin nadie.

Miraba cada pieza y se acordaba del gusto que tubo cuando las trajo,  soñando que un día serian para perpetuar su memoria junto a sus hijos.

Ahora, pasando con delicadeza la mano por los muebles, sentía ganas de llorar, pues por mucho que los quisiera, no hablaban, ni le hacían compañía y lo que ella necesitaba era  de gente o de amigos y familia.

Andando sin hacer ruido,  paraba sus ojos en las jarras de flores, que le acordaban, la primavera de su vida.

Las ilusiones, que había tenido, para el futuro!

Ahora la mujer, sola y sin nadie, pensaba, como fue parva en hacer tantos sacrificios, trabajar  como loca hasta de madrugada, llegar a casa  sin fuerzas, para nada tener, ni un hijo.

La mujer ya no tenía marido  había muerto, era un trabajador incansable, con su manera rara de ser, pero bien no fondo la mujer sentía su falta, seguro que si estuviera vivo, ella no deambularía sola, sin saber lo que hacer.

La mujer se sentó en la escalera, puso su cara entre las manos, ojos vacios, quería llorar y no conseguía, quería gritar, y no salía ruido ninguno.

En su íntimo, quería ser estatua, no sentir dolor,  ni soledad, no quería tener nada, ni la casa, ni los muebles, ni antigüedades.

Quería, solamente respecto, amistad, una compañía, entonces, se acordó de la asistenta, que estaba con ella hace muchos años, esa sí,  nunca la dejaría, ni le faltaría.

La mujer se levantó y  subió las escaleras, se fue a su habitación, se arregló un poco y más confinante, dijo no estoy sola!

La mujer, seguro que regalaría todo por un poco de amor, seguro que cuando lo tenga, deja las platas, las antigüedades, los muebles llenos de miles de cosas y se marcha, a camino de su felicidad,  sin nada material ni lujos, solo con el tesoro de su corazon tan herido, ella sabe que un poco de pan sabe mejor que la comida más exquisita, si estamos, con quien nos quiere.

Así estoy más contenta, la mujer sabe ahora que ha llegado el momento de dejar todo y marchar, para bien lejos del museo, que hizo, para nada. Que tiene alguien que la espera, de brazos abiertos y que la quiere.

Para ti, Mujer que deambulabas sola, en tu casa muerta, te deseo las mayores felicidades del mundo, coge coraje y vete a vivir de verdad.