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clonariel

Trajiste naranjas



Trajiste naranjas de la montaña.



Le hincamos los dientes al cuerpo circular.



Llenaron nuestras voces los ríos del corazón naranja,



una fresca tonalidad de atardeceres…



Agridulce impulso que anegó el paladar.



 



Bríos de los amantes,



por embeberse en dulces matices frutales,



en giros chasqueantes de gotas almibaradas.



También adoro comer tus naranjas vivas



en los nocturnos y cotidianos vaivenes.



En frutas me das ganancias.



Mis dientes voraces hienden las naranjas



con limbos de esencias aguadas,



con valles de pormenores cítricos.



 



¡Pareciera que todo mejor me place!



El mundo es más benévolo



y la virtud no llama a ser alarde.



Menos nefasto el desvelo de las noches.



¿Obrarán milagro estos ácidos meteoros?



Tan sólo con esas redondeces en cobre



hay esperanzas en un frutero.



 



Me trajiste naranjas. Todo ese día fue un brote



de dulzuras corriendo al estómago



desde boreales quintas



y ríos de oro padre



y visiones de lenguajes…