Blas Roa

Un desquite.

Trato de no evadir el futuro,

ni cuando le paso por el lado.

Ni cuando se siente consumado

ese fuego sobre el agua y vapor.

Asumo que hoy, desapareciste...

de ese lugar tuyo y reencarnaste

en el cuerpo tibio de la soledad.

Cuando contaba mis pasos,

desde las ruinas de la calle de Mariño,

cuando azotaba el viento las palmeras,

un acordeón agitaba sus banderas,

un vodevil hecho cine en mi historia.

Cuando por fin resucito ahogado

como quien sale del agua mortaja

diez minutos después de estar sumergido.

Y en ese estrechón de manos 

con la oportunidad y la nueva vida,

con los ojos tiesos y asombrados,

se te ve impresa en el adosado pudor

de la duda y la discordia.

Sonriente como gata pérfida,

centinela caníbal de mi corazón dolorido.

¿A qué regresas? ¿Qué ganas?

Nadie te invoca, y nadie te espera.

Tu y la costumbre son una cualquiera,

Putas desgranadas, almas carroñeras...

Por fin cuando camino: sobrio y despierto,

como una hoja seca camino a la hojarasca.

Yo no quiero ser uno más, ni uno menos,

ni deseo estar en el medio...

A todas estas, donde me encuentre...

Prefiero estar sin ti, en el averno,

en la retrospección, en la jamás o en la niñez.

Que yo, tan flaco como la tristeza,

decido bien deschapar otra cerveza,

mientras me hace pucheros el hígado,

y caricias el corazón.

 

Blas Roa