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acasoescritor

SONETO XXII

 

No se me dio el olvido con el paso

de días, de los meses, de los años:

te lo confieso sin urdir engaños

al buen amor que satisfecho abrazo.

 

A tí pudiese ser que algún ocaso

te hiciese prescindir de cuántos daños

quedáranme en andando los peldaños

del ciego arraigo bajo tu regazo

 

mas no a mi pecho concedí regaños

ni acusaciones aunque bajo el brazo

en términos reales o aledaños

 

de tus amores pero ni un pedazo

distara de manjares tan extraños

a mi hambre por paliar en todo caso.