Ricardo PH

II

Y tú, estimado y admirado,

me dijiste desesperado:

"Recuerdo la ropa que vestía

ese importante día de mi vida

en que ella sin saber lo que quería

me besó sin saber que mi fin sería".

 

Pues bien, yo no recuerdo la ropa

y he perdido la cabeza

martirizándome de esa manera

como si fuese un idiota.