walberto campos

La noche cabalga sobre el sol

Me remiro en tu tez acicalada

por el fulgor de la agraciada luna;

que nos alumbra en esta noche bruna

que no concede turno a la alborada.

 

En sigilo me robo tus miradas;

mientras se reproducen una y una,

en el mago cristal de la laguna,

caricias, en la piel encarceladas.

 

Palpo a ciegas tu rútila melena,

que despacio se enreda entre mis manos

entretanto te abrazo y te hago mía.

 

Me dices tan tranquila y tan serena

que el sol está viniendo en pasos vanos,

que la noche no acaba todavía.