valentino arrabal

EL ESCRIBIDOR



La fiebre ya
cansina golpea la cabeza del escribidor:



“Gimotea
las palabras



Cual
embrión



En
umbral de aborto (…)



El tiempo y la
enfermedad no se apiadan de él; qué síntomas son esos garabatos en su piel? El
escribidor continúa:



Parapeto
de mi enfermedad



Que me
dura como síntoma (…)



Apenas se dibuja
su silueta en la penumbra; sus sollozos decoran su larga estancia en el lugar:



Esta
cuasi levedad de mi ser (…)



Su cuerpo desnudo
expuesto como su más íntima libertad; la piel limpia como el papel:



Embrujo
y locura



Derrotero
de una insistencia



Declaro
que estoy cuerdo



Declaro
que se equivocaron



Declaro
que aún existo.”



En ese insólito lugar,
el escribidor se había agenciado de una filuda y pequeña navaja y con él, había
escrito ésto, inmune al dolor, garabateo una parte de su cuerpo como queriendo
protestar por su encierro, y tal vez, sellando con él, alguna condena real o ficticia.