MARÍA DEL MAR

EL SALERO DE MI NIÑA

 

Ahí va mi niña caminando

y al son que mueve su enagua,

cada rosa que va rozando,

forman luceros alumbrando

sus ojitos claros, verde agua.

 

Regalé a mi niña un espejo

de plata fina y porcelana,

la tiene tal cariño y gracejo

que la añora cuando está lejos

y la sonríe cada mañana.

 

Acuna en sus manos un nido

de alegría y paz contagiosa.

Lo mismo te borda un zurcido,

que irrumpe en llanto contenido,

ante el volar de una mariposa.

 

Para Sheyla, mi hija