MARÍA DEL MAR

LAUREADA

Suave mana el caudal y no salpica

en la limpia piedra de tu fuente.

Tu agua va tan clara y transparente,

como la mirada cristalina que no evitas.

 

No vibra el amor sino palpita

en el dulce ensueño de tu mente…

¡Quién fuera rizo en tu frente

para rozar el pensamiento que lo habita!.

 

Laureada virtud tu cuerpo hechiza

que al mío traspasó para quererte.

Bendita fe que me hizo diferente

y bañó en plata el aura de mi luna…

 

Endulzaré las raíces de tu vida,

siendo miel en el fondo de tu vientre

y viviré en tus besos clemente,

desnudando día a día tu sonrisa.

 

Y es que… ¡Nublas mis ojos si los miras!.

Y si no los miras… ¡Muero ausente!.

Y una lágrima de amor se hace presente

y otra… ¡De envidia vuela a tus pupilas!.