Alejandro José Diaz Valero

Cuentecillos de bolsillo

Amigos, esta es la última publicación que hago a este sitial bajo el nombre conocido por ustedes. Es la publicación número 300, la cual en intensa actividad creativa (si así puede llamarse) recoge aproximadamente 420 escritos de mi autoría, donde la fábula, el cuento, el soneto, y otros tópicos enmarcados dentro del contexto humorístico, reflexivo y social fueron cuidadosamente realizados en 11 meses y 7 días, lapso que llevo activo en este importante foro. Es mi última publicación porque deseo que este material (de suma importancia para mí) quedé tal cual está, a disposición de cualquier lector que a bien se acerque a efectuar alguna que otra lectura, el cual no deseo borrar para que quede como mudo testigo de mi quehacer literario, y si en algun momento es borrado, solo sea por causas ajenas a mi voluntad.

Mis próximas publicaciones aparecerán bajo el nombre de Diaz Valero Alejandro José, en el cual comenzaré desde cero, para dar paso a una nueva galería que seguramente llevará el mismo entusiasmo y dedicación que siempre me ha identificado en todas y cada unas de mis publicaciones anteriores.

Gracias a todos por su valioso apoyo y lo más importante aún, por su hermosa amistad.

Para cerrar les dejo este manojo de cuentos breves, titulado “Cuentecillos de bolsillo”.

 

NUBES

La tierra agreste, cuarteada y reseca miraba el cielo implorando la lluvia; rogaba a las nubes que hicieran acto de presencia y se precipitaran con esa humedad que tanto necesitaban. Las nubes no bajaron, la humedad nunca llegó, y la tierra agreste cansada ya de tanta espera, fabricó sus propias nubes de polvo, y con ella alimento sus entrañas.

 

AGUJAS

Las agujas danzaban empujadas por el dedal, el hilo iba marcando sus pasos y tejiendo los sueños en cada puntada, mientras el reloj celoso dejaba que el tiempo, cual mágico  dedal, empujara sus agujas sin hilos tejiendo los sueños de todos nosotros.  

 

RISAS

Las sonoras carcajadas salían por la ventana  y chocaban  entre sí, produciendo esa música cantarina que iba esparciendo su alegría contagiando el entorno; mientras allá en el campo, los maizales contagiados ya por la ola de risa, desgranan sus carcajadas amarillas al son de sus verdes cabelleras.

 

ESCRITURAS

En un cuaderno de doble líneas, las letras bailaban armoniosamente al son caligráfico de sus moldeados trazos, que eran el comienzo de la fiesta del aprendizaje; mientras en el pentagrama las notas musicales, ya borrachas, bailaban entusiasmadas sin racismo alguno, entre sus figuras blancas y  negras el comienzo de una nueva fiesta. 

 

LUCERO

Un pescador en plena mañana, cuando regresaba de su faena diaria, al llegar de regreso a la playa encontró en la orilla entre los granos de arena un solitario lucero. Pensó devolverlo al cielo, pero le fue imposible. Así que sin pensarlo dos veces lo lanzó al mar. Todos los moradores de aquel lugar, en las noches estrelladas veían los luceros reflejarse en la quietud del mar, y sólo aquel pescador, el que encontró el lucero,  podía ver como el lucero que moraba en las profundidades del mar, salía a la superficie y se reflejaba en el cielo.

 

DIOS PROVEERÀ

La madre rata no pudo llevar comida a la madriguera, y no teniendo razones, para explicar a sus ratones la escases de comida, reunió a su prole y los invitó a merodear por las afuera de la casa, indicando que “Dios Proveerá”.

Uno de los ratoncillos salió al patio y contempló el cielo iluminado con una luna brillante y amarilla que imaginó una inmensa bola de queso holandés, y salió corriendo a buscar a su madre, para celebrar la sentencia de la divina proveeduría, pues a la luz de la luna pudo avistar abundante comida.

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