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Alejandro José Diaz Valero

Regando las plantas

Me lleno de regocijo espiritual

cuando salgo a regar el jardín,

porque  una satisfacción especial

se va apoderando de mi.

 

Regar plantas y flores

es ir mojando la esperanza;

es disfrutar los verdores

que nos ofrecen las matas.

 

Esos seres vegetales

con sus raíces, hojas y tallos

nos alejan de los males

cada vez que los regamos.

 

Cuando el agua humedece

la cara de mi jardín

mi alma alegre se enaltece

con su fragancia gentil.

 

Quiero en tardes serenas

mezclarme entre la espesura

y regarlas a manos llenas

con agua y con ternura.

 

Agua que dejo caer

sobre la verde presencia

es agua que vuelve a florecer

y oxigena mi existencia.

 

Regar con manos amigas

multiplicando la savia vital,

es pintar el mundo de clorofila,

fusionando lo humano y lo vegetal.

 

Quiero abonar su esperanza

porque se que las plantas agradecen,

que bonitas son las matas

que cuando las riegan, florecen.

 

Esto que voy a escribir

sé que habrá quien lo dude,

y es que cuando riego el jardín:

¡Me siento como en las nubes!

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