Miguel Angel Ortigoza García

NO MIRES AL CIELO, AMADA MÍA

No mires al cielo, amada mía.

Puede ser que no me veas, cantando como un ruiseñor.

 

Mira más bien el clavel de tu boca,

Y me verás libando el néctar de tu pasión.

 

Mira las orquídeas tiernas en la turgencia de tus pechos.

Allí están mis ojos acechando en descuido como un ladrón.

 

Si ves tus mejillas tersas sonrojadas de anhelos intensos,

También verás mis manos acomodar las rosas de tu candor.

 

Si acaso sientes una alfombra de trébol en reverencia bajo tus pies.

Será mi sombra que te conduce a un escondite lejos de aquí.

 

Mira el recodo de tu cintura que temblorosa pide por mí.

Y sentirás cómo te envuelven las margaritas de mis deseos como una curva de frenesí.

 

Si una paloma trae en su pico una ramita de la esperanza que es para ti.

Es que el diluvio de flores bellas te alzó en sus olas para traerte junto a mi paz.

 

No mires al cielo, amada mía, buscando el canto de un ruiseñor.

Mira el jardín de tu vida, verás mi cuerpo y mi alma desgranar poemas de amor por ti.