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María Victoria Atencia


Lavadero viejo





    Cóncavas piedras vienen a recibir mi hato 
con un frescor que acepta mi mano en su recinto. 
Guardo turno en el húmedo corredor subterráneo: 
doy paso a las rameras y al ajuar de los muertos. 
Públicamente expongo al agua mis razones. 
Su corriente no sabe más pasión que el olvido.

                                




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