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V�ctor Redondo



Explicación a María



Con la crin torneando la voluta de aire sobre la que nos
posábamos.
Ala corta para el infortunio,
la desproporcionada sed de cada mañana.

Solo como una flor en el desierto de piedra
dejaba estar las horas a mi lado, no buscaba,
en la parquedad de esos instantes vislumbré la vida.

La vida, la vida de ojos ciegos,
de lucidez radiante.

Con la mueca del gesto grave, triste,
alisaba el espejo sobre la pared de mi rostro,
respiraba hondo el espíritu

regresaba a mi cuerpo desde lo crudo.

Abría lo abierto y cerraba lo cerrado.

Debajo de lo que simulaba mi cuerpo
latía una pequeña llama, pájaro rojo, flor de bruma.

Y allí donde abrías tu cuerpo
abres tu cuerpo
abrirás tu cuero al agua sedienta de la destrucción.

Ah, belleza que no pude conocer!

Desde la crin de plata
torneando la voluta
del aire de mis pulmones, intoxicados,
muertos
gozando.

Bajo pecado que se destina al comercio
resuena como un pájaro metálico
entre los cuerpos extendido
lado a lado del infierno
en la plenitud robada al número cero.

Ala corta para el infortunio,
desproporcionada sed.

El sol es una idea que heredamos de la luz
y a la cual jamás rendimos fidelidad
bajo la suave dalia del jardín
el espíritu se transforma en naturaleza.

Al lado de la piedra el algodón
figura
un cáliz, una forma.

La perturbación es una mano sobre mi cuerpo.