El mundo de los sustantivos, sin duda, es apasionante. Toda esta clase de palabras responde a una determinada clasificación, razón por la cual hay veces en las que es todo un desafío descubrir a qué grupo pertenece un cierto término.

Para no sumar confusión a toda la información ya proporcionada a través de Poemas del Alma, en esta oportunidad no vamos a recordar la enorme cantidad de variantes contempladas en el análisis de un sustantivo, sino que sólo aclararemos que, dentro de la categoría que agrupa a los sustantivos según su origen, figuran los patronímicos.

Quizás hasta llegar a este artículo, muchos de ustedes sabían de la existencia de esta clase de palabras y las utilizaban a diario sin conocer ni darle importancia al origen de los distintos términos. A partir de ahora, tendrán la posibilidad de identificar como patronímicos, por ejemplo, a muchos apellidos que, hoy en día, identifican a millones de personas a lo largo y ancho del planeta. Curioso, ¿no?

Es que, según establece su definición, estos sustantivos que, por lo general, terminan en “ez”, derivan de distintos nombres propios. Como puede apreciarse, los sustantivos patronímicos son muy fáciles de reconocer.

“González” (originado a partir del nombre Gonzalo), “Fernández” (proveniente de Fernando), “Rodríguez” (surgido a partir de Rodrigo), “Hernández” (derivado de Hernán), “Martínez” (de Martín), “Enríquez” (de Enrique), “Dieguez” (de Diego), “Ramírez” (de Ramiro), “Benítez” (de Benito), “Álvarez” (de Álvaro) y “Dominguez” (de Domingo) son algunos ejemplos de esta clase de sustantivos denominados patronímicos.