Los enunciados imperativos, también conocidos como exhortativos, son aquellos en los cuales el hablante enuncia mandatos, peticiones, consejos o ruegos a su interlocutor. Estos enunciados adoptan diferente forma lingüística según el contexto comunicativo y la relación existente entre los interlocutores.

Enunciado imperativoEsta relación hace que pueda optarse entre dos formas gramaticales a la hora de dirigirse al interlocutor: en el trato familiar, se utiliza “tú” o “vos” (según la región), mientras que en las ocasiones formales o donde se quiere mostrar un mayor respeto se usa el trato de “usted”.

En los casos en que el enunciado imperativo adquiere forma oracional, el verbo principal puede utilizarse en imperativo (sobre todo en los en los mandatos afirmativos dirigidos con trato familiar. Por ejemplo: “Márchate tú”), en subjuntivo (en los enunciados imperativos afirmativos de primera y tercera persona -“Analicemos los hechos con tranquilidad”- y en todos los enunciados imperativos negativos -“No te detengas”-) o en indicativo (cuyo presente y futuro permiten expresar un mandato: “Tú atenderás el teléfono y dirás que ya me he marchado”).

Los enunciados imperativos, por lo general, reflejan una situación jerárquica, donde uno de los interlocutores está (o se siente) en condiciones de ordenar algo al otro. Por eso, este tipo de enunciados pueden ser frecuentes en el ámbito escolar, cuando el maestro se dirige a los alumnos (“Hagan silencio”, “Termina el examen”, “Formen los grupos en cinco minutos”).

Los enunciados imperativos también son usuales en la relación padres-hijos (“Haz la tarea”, “Limpia tu habitación”, “No abras la puerta”, “Respeta a tu abuelo”, “Vete a bañar”, “No pelees a tu hermano”) y en los vínculos entre un jefe y sus empleados (“Finaliza el informe antes de las cinco”, “No te irás de la oficina hasta que no completes los llamados pendientes”, “No llegues tarde a la reunión de mañana”).

Cabe destacar que, con frecuencia, los enunciados imperativos son exclamativos: “¡Ven aquí ya mismo!”.