Como ya hemos tenido oportunidad de comprobar a través de otros artículos referidos a esa clase de palabras que reciben el nombre de adjetivos, estos elementos de la oración que sirven para calificar, describir o identificar a un determinado sustantivo pueden agruparse en una gran cantidad de categorías, según sean sus características.

Cuando los adjetivos cumplen la función de resaltar una cualidad del sustantivo al que acompañan reciben el nombre de descriptivos (o calificativos).

Por lo general, este tipo de términos se ubica detrás del sustantivo en cuestión, tal como puede apreciarse en oraciones como “Toby es un perro juguetón”, “alquilé una casa grande”, “Susana estrenó su vestido negro”, “compré una mesa grande”, “Sofía tiene hijos pequeños”, “Ignacio colecciona relojes antiguos” o “Juan es un hombre solidario”.

De todas maneras, es importante destacar que no existe ninguna regla gramatical que impida escribir al adjetivo descriptivo antes del sustantivo. De hecho, este recurso suele utilizarse con frecuencia en la poesía, ámbito en el cual se acostumbra a utilizar una escritura poco convencional. De ahí, por ejemplo, que surjan expresiones como “el viejo sillón”, “la oscura noche”, “sus frías manos”, “la blanca nieve”, “inmenso océano” y “la solitaria mujer”, entre otras.

Por supuesto, esta clase de adjetivos puede aplicarse para diversos sustantivos, así como un mismo sustantivo puede ser calificado por más de un adjetivo descriptivo. Para ser más concretos, se puede decir que mientras términos como “lindo”, “gordo” y “alegre” pueden describir a palabras como “animal” o “niño”, de estos últimos dos términos también pueden desprenderse nuevos adjetivos, tales como “cariñoso”, “obediente” e “inquieto”.

Por otra parte, es importante destacar que un adjetivo descriptivo, a su vez, puede ser primitivo, derivado, simple, compuesto y hasta parasintético. Dentro de estos subgrupos se pueden citar como ejemplos a adjetivos como “blando”, “oscuro”, “azulado”, “agridulce” o “endulzar”.