Material de interioresHay poemas que son evocaciones del dolor. Pero hablo de un dolor que cae como ceniza devoradora sobre el hombre. A veces pareciera que hasta la propia sombra se volviera en contra del poeta, ser de mirada perdida, que al tratar de descifrar el mundo acaba reconociendo que su ropa, sus zapatos, su forma, están hechas de polvo, simple polvo nada más.

Decía la maestra, la escritora y poetisa Josefina Plá, que los poetas debían aprovechar los momentos de tristeza para escribir, pues cuando el alma se recoge, doliente, sobre sí misma, la poesía se expresa mejor.

Mariano Shifman acaba de publicar su libro Material de interiores. El material poético lleva el sello editorial de PROA Amerian Editores.

Debo confesar que la tristeza, que los crepúsculos, que la suposición de una humanidad decadente le hacen escribir al vate con un sentido de culpa compartida. El autor hace suyos la indecencia, el dolor humano de aquel a quien se le ha despojado de todo, la intrascendencia del paso del hombre por el mundo. Mariano Shifman es dueño de una mente lúcida, y su misión es medir el universo, contemplar la flora devorada por las bestias, detenerse en la mirada de aquel hombre compungido que va con paso lento por la calle.

Hay tantos poetas. Hay cientos. Hay miles.

Algunos no conocen las reglas gramaticales.

Hay tantos poetas, decía. Escriben desde su intrascendencia. No ven las margaritas de los cementerios aromando el viento que mueve los cipreses. No toman nota del dolor de vivir, aun cuando la muerte es un escape que a nadie se le niega. No se dan cuenta de aquel vate que lleva a donde quiera que vaya unos ojos tristes, y menos todavía, de que va perdiendo, cercado por la pobreza, la razón.

Mariano Shifman, con un sentido de observación envidiable, toma nota en sus papeles de estos hechos y los convierte en versos genuinos que queman como brasas.

Sin lugar a dudas, el autor de Material de interiores, es un hombre culto. Yo diría, sin temor a equivocarme, que es un erudito.

Por otra parte, se le nota claramente que ha leído mucho a Jorge Luis Borges.

Se siente cierta influencia del maestro argentino en sus líneas.

La idea de Dios le persigue.

Pero eso nos pasa a todos, me parece.

En el caso de Mariano Shifman, Dios lo interroga, y él le contesta.

Y le dice en un poema lo siguiente: Dios es el celo, el huevo y el nido.

Este juego peligroso de echarse a escribir sobre Dios toma, sin embargo, provechosos resultados en su obra poética.

Dios no es el mismo que suponemos que es, en el libro de Mariano Shifman.

No es aquel a quien va dirigido un coro de letras preciosas en una iglesia, siendo domingo, y para más, fresco y soleado.

No es aquel que creó la certeza, para el deseoso de aferrarse a un salvador, cuando ya las aguas le van arrastrando corriente abajo.

Dios es el Dios de Mariano Shifman.

Todos los versos del poeta son sensibles, pero también muy mentales.

La alusión a la muerte está presente en el texto.

Lector de la Biblia, encanta el tamaño de sus ideas que plasma en el papel después de cada lectura.

Es, en cierta manera, un hombre que analiza la Biblia, y hace su otra biblia, sus testamentos y sus propias parábolas.

La ironía es una de las expresiones fundamentales de su credo poético.

El autor agradece cualquier comentario:
mariano_shifman@yahoo.com.ar

EL DESPERTAR DE OTELO

Todo era semilla a la hora de la oración:
el tallo esbelto se nimbaba en sueños
y aspiraban al verde las manos sedientas.

Un día, entre las cuentas de la vigilia
el fruto de la espera vio la luz:
el tiempo se mudó en rosa y goce
desde el deseo hasta la piel inicial.

Y cada sí fue bendito, labios nacidos
para el fulgor de la victoria en la carne.
Entonces, que alguien responda:
¿Por qué el viento del odio gimió su discordia?

Sin anunciarse
un trueno en pleno azul quiso nublarme
y bajo el sol del mediodía
se agolparon las piedras sobre mi corazón.

Nada supe, nada vi;
arranqué la virtud desde las raíces,
anegué los castos ruegos en sangre.

Ahora es tarde y solo pido:
Aniquilado sea mi reino
el insondable reino de los celos;
y que en las tinieblas brote tu nombre
Desdémona como un divino trigal

Mariano Shifman