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Juego de poesía

En Poemas del Alma te proponemos un juego. Elige al autor correcto de 10 poesías famosas elegidas aleatoriamente y clasifica en nuestro ranking. ¿Qué esperas? Comenzar!

26
Ago

Usted se besa con el cura

Publicado por Delfina Acosta

Pensativo lector: No me mueve sino la intención de acercarle la versión de mi niñez, para alejarlo de sus preocupaciones y hacerlo reír, ojalá, con mis diabluras.

Se habla desde siempre sobre cómo educar a los chicos. A los niños hay que enseñarlos en el amor. Esa es una verdad.

Considere el lector mi mala crianza, pero sepa, antes de juzgarme, que mi existencia, como la de muchos niños librados a la holgura del campo, ha sido feliz gracias a la rudeza y a la fiereza.

Vivía yo en una casa grande, ubicada sobre una suerte de colina del pueblo, a pocos pasos del camino de polvo que llevaba al cementerio. Ibamos mis amigos y yo al camposanto, en las siestas calurosas. Allí hacíamos tumulto, que era la degeneración propiamente dicha, pues si bien éramos pequeños, teníamos el salvajismo clavado en nuestros sentidos.

No le temíamos a los cuernos de las vacas, que solían comer pasto en la loma, y por malditos y provocativos, les arrojábamos piedras en los cogotes. Con el tiempo, aquellos animales, al vernos llegar, se alejaban del lugar a prisa.

No podíamos sentirnos contentos siguiendo las habituales normas del juego, pues crecimos a la de Dios que es grande, sin padre ni madre que nos castigaran o mimaran, ni cavilaran en nuestro destino.

Nos gustaba el juego de las consternaciones. Sentados frente a los panteones, invocábamos a los espíritus del sitio, con amenazas de que si no salían a mostrarnos su pálida tez, su larga barba, o, al menos, su gusano, los condenaríamos a perpetua inmolación en el infierno.

Cuando nos enterábamos de que alguien había fallecido, ya estábamos junto a la fosa abierta, aguardando la llegada del cortejo fúnebre.

Nos producía una extraña fascinación observar la descompostura de algún pariente, que caía de ancas en el suelo, para recuperarse después de oler la lengüeta de un zapato.

En una ocasión, Malú, que siempre desayunaba aire, pues era puro esqueleto y barriga cargada de lombrices, largó un gas estruendoso mientras el cura párroco reflexionaba solemnemente sobre la paz de la vida después de la muerte. Recuerdo el silencio ofendido y espeso de los deudos ante la cruz mayor.

En fin, que éramos malvados, torcidos de mente y muy animales, estaba escrito en piedra. Y si lo sabíamos, no alcanzábamos siquiera a considerar la razón de nuestra maldad, pues nos creíamos con derecho de llevar a cabo lo que queríamos hacer, por el sólo hecho de ser niños.
El juego se justificaba, para nosotros, por el mismo juego. Nuestra ley era jugar por jugar.

Eso sí; las niñas nos fuimos haciendo finas y doctas en la hipocresía. Un domingo por la mañana, Rosa y yo fuimos a hablar con la madre superiora del colegio de monjas de Villeta.

Quiero ser monjita porque San Antonio se me aparece en la pared de la letrina - le dije a la religiosa, dándole codos a mi amiga. “Yo quiero conservarme virgen”, le habló Rosita.

Pero son muy pequeñas; ¿están ustedes bien de la cabeza? - nos contestó la hermana directora, sorprendiendo, ofendida, nuestra caradurez.

- Mi mamá es atea. Dice que usted se besa con el cura, que no se baña nunca y que es chismosa - le respondí. Entonces una bofetada me cambió el color de la cara.

Rosa Caballero partió a los quince años a la Argentina. ¿Qué se habrá hecho de ella?
Ah… los recuerdos de mi niñez. Tan maldita que era. Tan mal intencionada. Tan lista para hacer pasar la fechoría por buena intención.

La tarde cae fría sobre la higuera.

Tengo por sentado que al morir, voy a reencontrarme con mis amigos de la infancia. Nos veremos la cara y moriremos de la risa.

26
Ago

Literatura & adicción

Publicado por Delfina Acosta

Hubo escritores que tuvieron que sobrevivir dentro de un ambiente sórdido; los vientos no les fueron favorables; en otros términos, la fortuna no estaba con ellos.

Edgar Allan PoeEl escritor ruso Fedor Dostoievski (1821- 1881) vivía apremiado por las deudas. Considerando la gran cantidad de obras literarias que dejó (El jugador, Pobres gentes, Crimen y castigo, Los hermanos Karamazov) , todas o casi todas, de una belleza literaria que sigue creciendo conforme pasa el tiempo, es propio decir que estamos ante un genio. La imposibilidad de hallar un clima o un ambiente hogareño apacible, llevó a nuestro genio entregarse a los juegos de azar. Ése era, pues, su vicio: jugar a la ruleta, como todo buen ruso, y acaso, tomar mucha vodka. Contraía muchas deudas.

En realidad, se veía en la necesidad de ir pidiendo por adelantado el dinero que su editor le debía por las obras. ¿Es posible escribir bajo semejante presión?

Pues sí. Está demostrado que sí. Y a juzgar por las circunstancias penosas que les tocó vivir a otros escritores, pareciera que la prisa y el apremio son la confabulación perfecta para hacer entrar en escena pública las mejores obras que la creación humana ha dado.

BOTELLA DE VINO

José de Espronceda (1808 - 1848), el poeta español perteneciente a la corriente romántica, bebía antes de escribir una botella entera de vino. El autor no estaba en sus elementos, en el total estado de inspiración, si el alcohol no corría, ligero y embriagador, por sus venas. Hay que remitirse, tal vez, al temperamento del poeta. O a la época, pues el artista era considerado un ser humano “respetuoso” de las malas costumbres, de la vida licenciosa, de las noches cargadas de bohemia.

Edgar Allan Poe (Boston, 1809 - Baltimore, 1849), el genuino creador del cuento moderno, el hombre que murió en plena calle, mientras intentaba pedir algún dinero a los políticos que hacían proselitismo público, era adicto no solamente al alcohol, sino también al opio.

Puede decirse, a simple vista, que llevó una existencia vaga, errática. Genio entre los genios, aquel escritor vivía pendiente de sus vicios mientras escribía cuentos de corte macabro, en su mayoría. ¿Quién no leyó “El gato negro”, “La caída de la casa Usher”?

Y aquel poema en el que revivía, recordaba a través de recuerdos empapados con la niebla del tiempo, el nombre de la mujer amada, ¿ quién no lo leyó?

Se dice que cometía crímenes. No se pudo probar nada.

Sí puede decirse con certeza que Edgar Allan Poe elaboró una obra literaria que se alimentaba, como flor extraña, de dosis cada más grandes, más elevadas de opio y de morfina.

¿Qué tienen que ver los vicios con la creatividad literaria?

Pues la sensibilidad, opino yo. No se puede escribir, darse por entero a un relato en el que resucitan los cuerpos enterrados, sin sentir que se está condicionando el alma, el pulso mismo, a esferas o situaciones de extrema gravedad psicológica.

Su poema “El cuervo” difícilmente será superado. Qué versos patéticos y tristes los suyos.

Por una pulgada de vino más, por una píldora que sirviera de acicate, para revivir, para reflotar los nervios semidormidos, cuántos poetas se entregaron a los vicios. Y se entregan ahora. Y se seguirán entregando, felices, al fin y al cabo.

CIGARRILLO Y ALCOHOL

Recuerdo el nombre de José-Luis Appleyard, poeta paraguayo. Para qué negarlo. Cigarrillo y alcohol eran su perfecta compañía.

Recuerdo el nombre de la poetisa argentina Alejandra Pizarnik, que se estrelló contra ella misma en la juventud de su existencia, pues vino al mundo con los sentimientos muy frágiles.

Las anfetaminas, a las que era adicta, iban minando su cuerpo. Ella era una escritora que podía dar (y de hecho dio) una poesía iluminada. Pero aquel vicio, aquellos cócteles de alcohol, anfetaminas y seconal, y aquel profundo temor ante una vida que le sobrepasaba, que le quedaba grande y abismal, la arrastraron hasta el fondo de un sueño profundo…

EL CUERVO (Fragmento)

Una vez, al filo de una lúgubre medianoche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
oyose de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.

“Es -dije musitando- un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.

Eso es todo, y nada más”.

¡Ah! aquel lúcido recuerdo
de un gélido diciembre;
espectros de brasas moribundas
reflejadas en el suelo;
angustia del deseo del nuevo día;
en vano encareciendo a mis libros
dieran tregua a mi dolor.

Dolor por la pérdida de Leonora, la única,
virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada.

Aquí ya sin nombre para siempre.

Y el crujir triste, vago, escalofriante
de la seda de las cortinas rojas
llenábame de fantásticos terrores
jamás antes sentidos. Y ahora aquí, en pie,
acallando el latido de mi corazón,
vuelvo a repetir:
“Es un visitante a la puerta de mi cuarto
queriendo entrar. Algún visitante
que a deshora a mi cuarto quiere entrar.

Eso es todo, y nada más”.

Ahora, mi ánimo cobraba bríos,
y ya sin titubeos:
“Señor -dije- o señora, en verdad vuestro perdón
imploro, mas el caso es que, adormilado
cuando vinisteis a tocar quedamente,
tan quedo vinisteis a llamar,
a llamar a la puerta de mi cuarto,
que apenas pude creer que os oía.”
Y entonces abrí de par en par la puerta:
Obscuridad y nada más.

Edgar Allan Poe

26
Ago

Dos Poemas inéditos de “Iris de Sombras”

Publicado por Teresa Domingo Català

Teresa Domingo CatalàComo cada semana, se regalan nuevos poemas poemas inéditos en Internet del primer libro de Teresa Domingo Català, “Iris de Sombras”. Hoy dos poemas, en la penúltima entrega.

VII

EN INVIERNO

Amo del invierno
las noches desnudas.

El brusco anochecer
abraza la tarde sin caricia
penetrando en las estrellas
el negro fulgor del cielo

La noche es un gran espejo
donde sólo ella se refleja.

VIII

MADRUGADA

Regresa la madrugada, callada y tímida,
y lentamente llama a los tonos del negro
con un gesto brusco por caricia.

Regresa la ausencia más dura y más firme.
la hora de la muerte y del nacimiento,
la hora de la vigilia y del silencio.

Regresa tras el clamor de la noche,
tras su desenfreno, tras su insolencia,
con su desvelo de diosa insomne.

No hay canto, no hay tacto entre sus muslos secos,
en sus campos áridos sin el menor reflejo.

No hay espejo en su oscuridad medida,
es quien es sin el menor recelo.

Y la miro, la veo en su negro bello,
en su desierto de motivos, en su fluir eterno,
pues cuando llegue la nada quedará su negro.

Y me miro, me veo en mi negro intenso,
desnudo de matices, despojado de su seno,
y soy quien soy, mujer en iris negros.

26
Ago

Efraín Barquero obtiene el Premio Nacional de Literatura chileno

Publicado por Julián Pérez Porto

Durante la jornada de ayer, comunicó el Ministerio de Educación de Chile, el poeta Efraín Barquero fue galardonado con el Premio Nacional de Literatura 2008, un reconocimiento por el que el autor recibirá 27 mil dólares y una pensión vitalicia de 1.400 dólares.

Efraín BarqueroCitada por la agencia AFP, la ministra de Educación, Mónica Jiménez, reveló que en esta oportunidad fue elegido Barquero (a quien definió como el “continuador” de las obras poéticas de Gabriela Mistral y Pablo Neruda) por ser el creador de una “poesía afincada en los sentimientos más profundos del ser humano” que se caracteriza por su “hondura, calidez y coherencia”. Por su parte, el jurado calificó a este escritor cuyo verdadero nombre es Sergio Efraín Barahona Jofré, como un “poeta inconfundible, campesino y universal”.

Quien también halagó a Barquero fue el escritor José Miguel Varas, para el cual su colega ha conseguido trascendencia internacional gracias a que su poesía consigue conmover a cualquier lector por su “autenticidad, su aparente simplicidad, su capacidad de transmitir una experiencia vital y un lenguaje extraordinariamente depurado y cristalino”, tal como reproduce el sitio Chilevision.

Nacido el 3 de mayo de 1931 en Chile, Efraín Barquero abandonó su tierra natal en 1973 para radicarse, exiliado, en Francia, país donde trabajó desde 1975 hasta 1990. Con el tiempo, sus constantes viajes lo llevarían a residir en China, México, Colombia y Cuba.

“Árbol marino”, “La piedra del pueblo”, “La compañera”, “El pan del hombre”, “El viento de los reinos”, “El poema negro de Chile”, “Mujeres de oscuro”, “La mesa de la tierra” y “El poema en el poema” son sólo algunos de los títulos que forman parte de la obra literaria de este escritor que, a lo largo de su trayectoria, también ha obtenido otros galardones como, por ejemplo, el Premio Municipal de Literatura.

26
Ago

Biografía de Heimito von Doderer

Publicado por Verónica Gudiña

El escritor austríaco Franz Carl Heimito Ritter von Doderer, más conocido en el ámbito literario como Heimito von Doderer, nació el 5 de septiembre de 1896 en el seno de una familia acomodada.

Heimito von DodererSu formación académica la recibió primero en el Instituto estatal de la Kundmanngasse y luego en la Universidad de Viena, donde en 1914 se matriculó en Derecho. Al año siguiente, el joven se incorporó como voluntario a un regimiento de caballería para luchar en la Primera Guerra Mundial.

Ya convertido en soldado de infantería, von Doderer fue trasladado a Galicia y, meses después, a Bukovina. Por ese entonces, nada hacía suponer que los años posteriores los pasaría en Siberia como prisionero de guerra de los combatientes rusos.

Su regreso a Viena tuvo lugar en 1920. A partir de ese entonces, el austríaco no sólo dedicará su tiempo a cursar las carreras de Historia y Psicología, sino que también comenzará a publicar artículos en diversos periódicos de la época y a crear sus primeras obras literarias.

“Un asesinato que todos cometemos” y “Las escaleras de Strudlhof” son dos de los trabajos más reconocidos de este escritor que, durante la Segunda Guerra Mundial, volvió a ser prisionero de guerra (aunque en esa oportunidad de los ingleses). Otra vez de regreso en su tierra natal, Heimito von Doderer decide realizar un curso de archivador y bibliotecario al tiempo que continúa escribiendo aunque, por ese entonces, sin la posibilidad de publicar sus obras debido a su antigua pertenencia a la rama austríaca del Partido Nacional Socialista Alemán de los Trabajadores. Finalmente, a partir de 1951 comienza a disfrutar del éxito literario y, en 1958, recibe el premio Große Österreichischen Staatspreis.

Este autor que, en 1940, se convirtió al catolicismo, falleció el 23 de diciembre de 1966 en Viena, víctima de un cáncer intestinal descubierto de forma tardía.

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