Ludvaldo

DELICIOSO RECUERDO (SONETO)

Aquella noche, en que por fin su ayuda

me quiso dar Amor, de tu aposento

crucé el umbral con paso blando y lento

y en tu lecho te vi dormir desnuda.

 

"Es mi oportunidad -pensé-, no hay duda",

llegué a tu cama edénica al momento,

tomé sobre sus sábanas asiento

y audaz acaricié tu carne muda.

 

Muy pronto, con un íntimo contacto,

forcé tu despertar, y tras el susto

noté que mi presencia y que mi tacto

 

vergüenza no te daban, ni disgusto,

de modo que iniciamos en el acto

 el acto en que se alcanza el sumo gusto.

 

Osvaldo de Luis

 

 



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