el poeta del abismo

Esmeralda

¡Oh! diamante de carne 
he despertado con una duda
¿Cómo te ha ido alma delgada?
Podrías ser, piedra, almohada,
amante, tristeza o encanto.


Hoy se me ocurrió recordarte.
Deletreé tu nombre a ciegas
para que no lleguen los recuerdos de golpe,
ni el perfume de tu blanco estrecho.


Me encendiste la piel
como a un bosque,
donde se prende el fuego
y no hay agua.


Y me nacen las quejas de la sangre,
de nuestros lugares, de nuestros escondites,
donde hábito un amor
al frio ardor de los gabanes.


Pero llegará la voz,
esa voz que dirá
que aún yo, se tu nombre,
Esmeralda
Y te amo, ya poquito.



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