SONETO DE LA EMBRIAGUEZ



 

El condenado a muerte se masturba.

El terrorista zafa la espoleta.

Los últimos se acercan a la meta

y aceleran, borrachos, en la curva.

 

Enloqueciste, hermano, ¿no te turbas

frente al volante? ¿Por qué no respetas

esa infrarroja luz ultravioleta?

El condenado a muerte se masturba.

 

No estoy borracho. Conducir dormido

es mi especialidad. El auto avanza

por mil autos oscuros perseguido.

 

El condenado a muerte se afianza

en un axioma apenas presentido:

Mientras haya placer hay esperanza.


Información del poema efraindenoriega


Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrado. Regístrate aquí o si ya estás registrado, logueate aquí.


Enviar este poema:
  Nombre E-Mail
Amigo 1
Amigo 2
Amigo 3
  Tu Mensaje:



Gestionado con WordPress

SitemapSitemap 2Sitemap 3PrivacidadContacto — Publicidad