En junio de 1982, Rafael Conte firmaba un artículo publicado por el diario “El País” en el cual se hacía referencia a un libro fascinante, divertido y apasionante escrito con maestría: “El laberinto de las aceitunas”.

Esa obra cuyo título es, al menos, curioso y lleva a los lectores a imaginar un complicado camino formado a partir de una sucesión de frutos del olivo, se enmarca en el género de la novela y forma parte de la producción literaria de Eduardo Mendoza, el autor español que también ha creado el relato titulado “La ciudad de los prodigios”, entre otros textos.

“El laberinto de las aceitunas”, llegó a asegurar el propio Mendoza, se caracteriza por estar planteada de forma absurda, una condición que le permite “atentar contra las normas del realismo e, incluso, de la verosimilitud”. El resultado, pues, es un relato humorístico que, de algún modo, pretende ser asociada a la literatura picaresca y al esperpento ya que, por ejemplo, es un detective desequilibrado quien narra sus experiencias valiéndose de un “estilo heterodoxo, vulgar y culterano”, tal como reproduce en su sitio web la editorial Seix-Barral.

En esta historia repleta de intrigas, el protagonista es el mismo detective salido de un manicomio que tuvo un rol fundamental en el desarrollo de “El misterio de la cripta embrujada”, un material literario anterior al libro que nos convoca en esta oportunidad.

En esta nueva aventura, el investigador debe enfrentarse a una desconocida red de bandidos que, por todos los medios, intentará recuperar un maletín colmado de dinero que fue extraviado en curiosas circunstancias.

Sin duda, esta novela del español Eduardo Mendoza (la cual ha sido traducida a una gran cantidad de idiomas, tales como el turco, el holandés, el francés, el portugués y el búlgaro) atrapará a todos los amantes de la lectura que disfruten las tramas policiales llenas de humor, giros absurdos y mucha originalidad.