Los lectores más memoriosos que sientan atracción por los acontecimientos históricos recordarán que, durante cientos de años, los españoles y el pueblo mapuche mantuvieron un extenso conflicto conocido como Guerra de Arauco que, aunque con distinta intensidad, duró cerca de tres siglos.

Sus consecuencias, como sabrán o podrán advertir, fueron varias, pero, en esta ocasión, sólo vamos a centrarnos en el efecto que esta situación generó en el poeta español Alonso de Ercilla.

Según confesó en una oportunidad el propio escritor, quien estuvo involucrado en el mencionado conflicto por haber participado en las batallas de Lagunillas, Quiapo y Millarapue, su interés por el mundo de las letras lo llevó a construir un poema épico con el fin de relatar la primera etapa de la guerra. En su contenido, algunas personas aseguran encontrar una especie de reivindicación de la figura del indígena, aunque otros creen que este recurso es una estrategia indirecta para enfatizar la actuación española. Por supuesto, también existen posturas que sostienen que Ercilla escribió el poema para destacar su propia actuación.

El texto original, de acuerdo a los datos históricos que han trascendido a través de los años, fue escrito en Chile sobre cortezas de árboles y otros elementos rústicos. Una vez que Ercilla regresó a su país natal, la obra, bautizada como “La Araucana”, fue publicada en Madrid a lo largo de dos décadas. La primera parte se dio a conocer en 1569, la siguiente en 1578 y, para 1589, el poema ya estaba completo.

Aunque posee ciertos rasgos de fantasía, “La Araucana” ofrece un relato basado en diversos episodios históricos marcados por la violencia, la valentía y la muerte (entre ellas la del cacique mapuche Caupolicán, el sucesor de Lautaro, quien había luchado desde joven para defender a su territorio de los conquistadores españoles), razón por la cual esta obra está considerada como uno de los escritos testimoniales más destacados de la época de la conquista.