Aunque las memorias de Ana Frank hayan constituído el diario personal más famoso del mundo, esta adolescente no fue ni la primera ni la última en plasmar sus experiencias, sensaciones y pensamientos en un cuaderno.

Guardar secretos en un diario íntimo no es una costumbre que desapareció con el tiempo. Tampoco guarda relación con hábitos sociales de una región determinada ni, mucho menos, garantiza la popularidad de quien lo escribe. Es, simplemente, la manera que numerosas personas encuentran para desahogarse.

Aunque no se sabe a ciencia cierta quién originó la obra “Pregúntale a Alicia”, este libro es uno de los tantos trabajos impulsados a partir del formato de diario personal.

En este caso en particular, se trata de la historia de vida de Alicia, una adolescente de quince años de edad que pertenece a la clase media y sueña, como la mayoría de las jóvenes, con descubrir el amor, casarse y formar una familia.

Sin embargo, este tipo de proyectos parece quedar en segundo plano a partir de que ella se inicia en el mundo de la droga, un universo destructivo pero sumamente adictivo que la lleva a creer que, sin droga, todo se vuelve más complicado.

Aunque el hábito se desarrolla a espaldas de sus padres, los cambios en la conducta de la joven pronto se hacen notar. Ninguno se imagina que su hija consume sustancias prohibidas y que, además, es quien revende las drogas en la escuela local.

Influenciada por los potentes efectos de los estupefacientes, Alicia decide huir de su casa y, sumergida en una absurda miseria, comienza a transitar un camino de desesperación, autodestrucción y un erotismo insensato cuyo único testigo será el diario.

Si bien “Pregúntale a Alicia” fue publicado por primera vez en 1973, su antigüedad no ha repercutido en su vigencia ya que, aún en la actualidad, el contenido de este relato, que no posee discursos hipócritas ni pretende hallar culpables, ayuda a comprender y a reflexionar acerca del infierno al que conducen las drogas.