En 1988, el escritor británico Roald Dahl dio a conocer en Londres a “Matilda”, una obra protagonizada por una niña de características atípicas cuya historia se pudo conocer a través de la pantalla grande a partir de 1996.

Entre otras particularidades que la diferencian del resto de los chicos de su edad, la ingeniosa Matilda se destaca por ser una voraz lectora. Lejos de mostrar orgullo por las capacidades de la pequeña y fomentar ese hábito tan importante para el desarrollo intelectual, los padres de la protagonista no sólo parecen indiferentes hacia su hija sino que también intentan convencerla de mirar la televisión en vez de pasar sus horas frente a un libro.

Ante esta postura adoptada por sus progenitores, Matilda decide satisfacer su interés literario a escondidas, en la biblioteca pública. Por supuesto, toda la información adquirida allí no queda en el olvido y es así como, al comenzar la escuela, la inteligente y culta niña deja en evidencia su superioridad intelectual, una característica que lleva a su maestra a solicitar el pase de Matilda hacia un nivel más avanzado.

Sin embargo, la malvada Troncha Toro, la directora de la institución, se niega y la adorable niña, al enterarse de varias intimidades de esta temida autoridad, decide poner en marcha un plan valiéndose de sus poderes telequinéticos.

Con sólo unos pequeños esfuerzos de su parte, la estudiante consigue atemorizar a Troncha Toro y le devuelve a su maestra, con quien ha entablado una afectuosa relación, un poco de la felicidad que había perdido por problemas familiares.

Tiempo después, la familia de Matilda decide marcharse del país pero la niña se niega y les pide autorización para quedarse a vivir allí junto a su maestra. Por supuesto, la idea de tener menos responsabilidad familiar seduce a sus padres y es por ello que aceptan la propuesta que, al fin y al cabo, permitirá que ambas vivan felices para siempre.