Desde que el dramaturgo Fernando Cuadra dio a conocer su obra titulada “La niña en la palomera”, esta propuesta inspirada en un hecho real ocurrido en Santiago de Chile en 1962 se ha convertido en uno de los clásicos del teatro chileno de la década del “60.

La protagonista de este relato que, gracias a sus características, se transformó en un material de lectura obligatoria en el ámbito escolar chileno, es Anita, una soñadora adolescente de 15 años de edad que vive, de forma marginal, en las cercanías de una plaza y pasa sus días leyendo revistas vinculadas al ambiente artístico que no hacen más que fomentar en ella el deseo de progresar y, de este modo, conseguir un mundo de lujos y riquezas. En este contexto, mientras ella fantasea con ese ámbito que parece tan lejano, su sacrificada madre debe enfrentar las consecuencias de las borracheras de su marido, el padre de esta joven cuya vida cambia a partir de la aparición de Manuel, un chofer de micro capaz de abandonar por ella a su mujer e hijos.

“La niña en la palomera” fue estrenada por primera vez en 1966, en el teatro de ensayo de la Universidad Católica y, desde entonces, la obra ha sido representada en varias ocasiones.

Pese al paso de los años, su creador aseguró tiempo atrás que “aún existen miles de niñas en la palomera, sin expectativas de progresar, sumidas en la pobreza y la incomunicación”. Por ese entonces, Cuadra manifestó su intención de que la situación de Anita, más allá de enmarcarse en un universo de ficción, sirva para llamar la atención “de las autoridades políticas y educacionales”.