En 1848, el francés Alejandro Dumas, quien heredó de su talentoso padre el oficio de escritor, demostró a través de una novela que él también podía cautivar con su pluma. La obra, que se estrenó con gran éxito en 1852, se llamó “La dama de las camelias” y su contenido, de perfil realista, surgió de una vivencia personal de su autor. Para crear al personaje principal, Dumas se inspiró en Marie Duplessis, una joven cortesana parisina que, además de haber mantenido un romance con él, estuvo vinculada a destacados personajes de la burguesía parisina del siglo XIX.

En este relato repleto de referencias sociales y morales (tales como la prostitución, los prejuicios, los celos, los sacrificios y la venganza), la acción tiene como escenario al París de 1840, donde Margarita Gautier vive una romántica historia de amor junto a Armando Duval.

Lejos de ser un romance del montón, ambos construyen un vínculo que, al principio, parecía imposible por involucrar a una prostituta y a un joven aristocrático. Pese a las diferencias, la pareja opta por privilegiar sus sentimientos y, para disfrutar su relación lejos de los prejuicios y los comentarios mal intencionados, decide abandonar París para instalarse, durante cinco meses, en el campo. La vida parecía perfecta pero, cuando el futuro parecía proyectado, las diferencias entre ambos se hacen notar y, a partir de entonces, Margarita resuelve separarse de su amado.

Esta historia que, por su perfil trágico, puede ser comparada con “Romeo y Julieta”, el clásico de Shakespeare, ha inspirado, con el tiempo, varias películas, series televisivas y hasta óperas como, por ejemplo, “La Traviata”, además de convertir a la protagonista (quien había sido apodada por un florista “la dama de las camelias” por su evidente obsesión hacia ese tipo de flores) en un símbolo del amor intenso y desdichado.