António SalvadoEl escritor y poeta peruano-español Alfredo Pérez Alencart ha hecho una de las mejores traducciones al español de la obra Los dominios de la mirada (Antología y homenaje al poeta portugués António Salvado.) Puesto en contacto con el espíritu de los versos, que tan fluida, como clásicamente le salen de las manos a este poeta portugués, la traducción es excelente. Hay, desde luego, audaces bellezas en la obra de António Salvado, que nos llevan a pensar en su lenguaje poético dotado de toda armonía, con una finalidad dirigida hacia el arte y hacia el hombre de este tiempo.

Bien se nota que Pérez Alencart ha trabajado en la traducción de los versos con amor y constancia. Estamos, en definitiva, ante una apasionada reverencia del vate hacia la figura de Salvado. ¿Y qué nos dice Salvado? Pues que su verso tiene rigor, tiene historia, tiene enlace sin pausa con el mundo doloroso de todos los días.

Todo en su quehacer es voz profunda y afirmación de su presencia humana en un lugar, en varios lugares, donde sea que el hombre trabaja, camina, ama, y sueña. Los requisitos que se consideran indispensables para la traducción -desde siempre -, como la significación intrínseca y objetiva, están totalmente manifiestos en el texto. Esto es, señores lectores, beber de la misma fuente fresca y viva del texto original. Yo he leído muchos poemas de autores nacionales y extranjeros. Me suenan verdaderos los poemas de Josefina Plá, la poetisa española paraguaya, y me suenan -también- verdaderos los poemas de António Salvado. La poesía, que también tiene rostro (y se pretende de ella un rostro hermoso, misterioso) acusa grandes y contemplativos ojos en el libro Los dominios de la mirada. Eso conforta al lector, y por supuesto, al autor de la obra.

Escrito por Delfina Acosta en el Suplemento Cultural del diario ABC (Paraguay)

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