«Llámame Brooklyn», de Eduardo Lago —Editorial Malpaso—

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«Llámame Brooklyn», de Eduardo Lago —Editorial Malpaso—Hay libros que extienden la vida porque se acercan-aferran tanto a ella que terminas sin saber qué es real y qué ficción en ellos. Libros que se empecinan en demostrarte que toda la literatura cabe en una historia y que las buenas lecturas se alimentan de las peores. «Llámame Brooklyn» de Eduardo Lago (Editorial Malpaso) es uno de ellos.

Comenzamos la lectura intentando delimitar con lucidez dónde termina la ficción y en qué esquina lo que se dibuja es real. Y, de pronto, somos Ness, somos Gal, somos Nadya, somos Brooklyn… Lo más valioso que nos aportan lecturas como ésta es la certeza de que la cordura será siempre nuestra materia pendiente, porque leer es creer que es posible otra vida, una en la que los límites entre ficción y realidad sean borrosos.

Entre Brooklyn y Madrid

Decir que «Llámame Brookyln» es un libro de viajes no sería del todo correcto. No obstante, ofrece muchas lecturas paralelas y entre ellas hay una exquisita literatura viajera, que trasciende lo turístico y lo anecdótico y nos invita a pensar los lugares como personajes auténticos. Aunque es una obra difícil de calificar —ofrece una inmensa gama de posibilidades tanto desde lo narrativo como desde lo que pone a disposición de nuestra imaginación— contiene descripciones exhaustivas de los lugares y las personas como lo haría un buen libro de viajes, permitiéndonos así viajar y mudar de piel sin ninguna dificultad. Es, en definitiva, un libro que se alimenta tanto de la mitología griega como de la suciedad de las calles y del color con el que tiñe el sol las costas de Brooklyn, cautivándonos a cada paso.

Como libro de viaje nos ofrece preciosas descripciones de Long Island, particularmente del borough de Brooklyn, y nos transporta de una forma mágica a los lugares donde ocurren las historias. Gravesend, Red Hook, Fort Green, Coney Island, se dibujan ante nuestros ojos con una nitidez impactante. Hay también unas instantáneas preciosas de Madrid, de la Plaza de Cibeles, el Paseo de Recoletos, La Gran Vía, el café Lion d’Or y el Hotel Florida. Y mágicamente la lectura funciona en nosotros como una catapulta, que nos lanza a las calles y nos impone un viaje vertiginoso a través de las historias de los personajes, que al final terminan hablando de la nuestra propia. Un viaje por lugares diferentes que, aún aquellos que no conocemos, nos resultan cotidianos y despiertan en nosotros la nostalgia.

Es imposible leer este libro sin sentir una sed profunda de viajar y de pisar el Oakland, el bar en el que transcurren muchas de las escenas y que conecta las historias que habitan esta obra. Porque en el fondo todos queremos que la ficción sea verdad, lo necesitamos; y al leer libros como éste esa necesidad torna a obsesión: tenemos que confirmar lo que leemos-vivimos.

«Llámame Brooklyn», de Eduardo Lago —Editorial Malpaso—

La verdad escurridiza

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Cuando está por llegarle la hora, Gal Ackerman descubre al periodista Néstor Oliver-Chapman y le encomienda el trabajo de ordenar su archivo y concluir la historia que siempre quiso escribir (y publicar): un texto sobre Brooklyn y su infancia. En un primer momento, Néstor acepta el proyecto con curiosidad, pero a medida que va enfrascándose en la historia, que va viviendo en esa Brooklyn de la infancia de Gal y que se acerca a los personajes que cautivaron y amaron al autor, su interés deviene en obsesión y la reconstrucción de la historia de Gal se convierte en el único objetivo claro de su vida. Ese es el hilo que va conduciéndonos por los pasadizos de ese barrio neoyorquino y que nos va convidando con la más sabrosa literatura al presentarnos maravillosas y deprimentes historias.

«Llámame Brooklyn» ofrece una gran diversidad narrativa. A lo largo de la lectura nos encontramos con varios narradores, aunque las dos voces principales son la de Néstor Oliver-Chapman y la de Gal Ackerman, cuyos discursos por momentos parecen encontrarse-confundirse. Y es en ese sentido un libro que se acerca a las grandes novelas clásicas, al reunir las experiencias de diversas generaciones utilizando como nexo común una serie de elementos bien definidos: un bar (el Oakland), un libro (Brooklyn), una idea (la libertad), una emoción (el amor en sus diversas facetas).

El eje principal de la obra es una biografía (la de Gal Ackerman), que se matiza con la mirada de todos aquellos que vivieron a su lado, que le amaron y le odiaron, incluyendo el punto de vista del propio biógrafo. Pero dicho así suena a bodrio encorsetado y les aseguro que no tiene nada que ver con eso. Pese a ser un libro largo (de más de cuatrocientas páginas) la lectura es fluida y las historias se encuentran tan bien amalgamadas que nos vemos atrapados desde las primeras páginas.

Una de las cualidades más sorprendentes y exquisitas de la obra es la perfecta armonía que existe entre textos de diferente carácter. Con una gran capacidad, Lago consigue ofrecer un discurso heterogéneo que se alimenta de recortes periodísticos, cartas, crónicas, extractos de diarios, relatos y otros artefactos literarios breves, sin perder la coherencia y el hilo de la narración. Y construye así una novela que trasciende los límites del género.

«Llámame Brooklyn», de Eduardo Lago —Editorial Malpaso—

Lo que se escribe permanece

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Lago escribe de lo que escribe Néstor de lo que escribió Ackerman, y los tres persiguen una misma cosa: dar redondez a la verdad. Pero en el camino descubren que la verdad es inasible y que cada historia es contada desde una perspectiva. Y aunque eso en principio pueda generar una cierta decepción, tiene un punto revelador: la mirada del autor-lector es lo que brinda autenticidad a las historias. Y en ese sentido, «Llámame Brooklyn» es también un ejercicio de observación sobre el pasado y sobre cómo las cosas que se escriben son capaces de sobrevivir-nos. Y ligado a esto aparece la literatura, con su capacidad de otorgarle a los instantes un presente absoluto al permitirnos vivir una y otra vez una misma emoción; virtud que comparten ciertos sitios que visitamos y de los que no terminamos de irnos nunca.

Y me he dejado lo mejor para el final. Entre las numerosas referencias literarias que esconde esta obra hay dos citas de la inmensa Anna Ajmátova que, podría decirse, concatenan la narración. Y este detalle confirma que «Llámame Brooklyn» pertenece a esa extraña categoría de libros que citaba al comienzo: libros que extienden la vida.

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¡Viajen, amen, vivan y lean-relean «Llámame Brooklyn», porque en él cabe toda la literatura!

«Llámame Brooklyn», de Eduardo Lago  —Editorial Malpaso—
 
 
Llámame Brooklyn

Eduardo Lago

Editorial Malpaso, 2016

ISBN: 978-84-16420-63-6

409 páginas

24 €

 

Comentarios1

  • Rapsodico

    Qué ganas de devorarlo le queda a uno cuando termina de leer tu artículo, Tes. Tomo nota ;). Un abrazo.



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