“El baldío” es una obra que el escritor paraguayo Augusto Roa Bastos publicó en 1966, varios años después de haber lanzado “Hijo de hombre”.

El baldíoAunque este trabajo es uno de los menos conocidos del novelista nacido en la ciudad de Asunción el 13 de junio de 1917, este material compuesto por diversos cuentos ha logrado, desde su aparición, cautivar a una gran cantidad de lectores.

Si bien en él hay varios relatos (entre los cuales figuran “Contar un cuento”, “Encuentro con el traidor”, “Borrador de un informe” y “La flecha y la manzana”), sólo uno ha tenido, por decisión de su creador, una relevancia mayor.

Es “El baldío” el título que Roa Bastos eligió para bautizar al libro que precedió a “Madera quemada”. Cuando uno logra distinguir ese texto entre el conjunto de historias que forman parte de este volumen encuentra en él una propuesta interesante donde los protagonistas son personajes sin identidad y la trama resulta tan confusa como clara.

En “El baldío” no hay precisiones. Se evitan los detalles y las referencias temporales o geográficas brillan por su ausencia. Sólo queda claro para quien lee la obra que, en ese contexto, se habla de muerte, pero también de una vida salvada.

“No tenían cara, chorreados, comidos por la oscuridad” es una de las oraciones que pretenden activar la imaginación del lector para que sea éste quien recree en su mente la situación que se describe. Ya hacia el final del relato, una mayor descripción del ambiente permite deducir que lo que se ha encontrado en el baldío es un bebé, “una formita humana” que el hombre, “con gesto torpe y desmemoriado”, arropó con su saco.

Si sienten curiosidad por leer este material y desean conocer con mayor profundidad la faceta de cuentista del talentoso Augusto Roa Bastos, no duden en conseguir un ejemplar de “El baldío”.