Ana Maria Delgado

EN LA QUIETUD DE LA MAÑANA

En la desesperante quietud

de la gélida y oscura mañana,

en las pocas ganas de estar aquí,

en el marasmo que me produce tu ausencia,

en el vacío de mi mente,

viene galopante el recuerdo de tu imagen,

al principio difuminada,

casi imperceptible,

y al redoblar el esfuerzo

para evocarte,

veo con claridad tu figura cálida,

la cual me acompaña

por unos pocos segundos,

me consuela.

 

Pero así como te revelaste

cual rápido y violento relámpago,

te alejas,

te vas,

y en la soledad de mi encierro

en esta habitación interminable,

de paredes mustias

y pisos antiguos apolillados,

te extraño,

extraño esas miradas de luz,

mi luz,

extraño tu singular voz,

tu voz,

se me oprime el pecho,

me  sofoco.

 

Me apresuro,

acompañada

por el eco sonoro de mis pasos,

a proporcionarle a mis manos,

las imágenes inmóviles tuyas

estacionadas en la mesita

a lado de la ventana,

te contemplo,

posando sonriente

para ese momento eterno …

lluvia de remembranzas.

 

POR: ANA MARIA DELGADO P.