polonius

Cruje la leña

Quise alquilar mi cometa,

pero me daban pocos intereses

por tal oferta, así que decidí

dejarme de ostias y aposté

diez euros en las tragaperras

de los empeños, pero aquel día

estaban bajo tierra.

 

Maldije y oriné sangre por

piedras en vesícula de orden

inversa, pero quiso la vergüenza

arder tras la mata del castaño

que siempre hacía sombra en los

bajos fondos.

 

Las casualidades de esta función

no es más que ficción inmediata

a la lección tomada tras ingerir

tres chupitos de anís y dos

tragos largos.

 

No creáis que luego me fui,

seguí dándole vueltas al rédito

del crédito.

 

Pero todo era en vano, la ruina

era ya mi reina.

 

Morí al final en brazos de la paciencia.

 

Polonius