Luis Ernesto Hernández Aguirre

TRES CERTEZAS

La verdad de todo, ¡de tantas cosas!,

cada cosa tiene un particular

punto para ver la realidad,

una realidad, no se ve así,

no se siente así en el mismo lugar,

¿Por qué aunque pudiéramos coincidir

no veo la forma de compartir

y alinear la mirada extraviada

que busca encontrar en las hondonadas

el mismo pensar y el mismo sentir

debajo de una sola llamarada?.

 

Confusión, simple confusión llana

entender una certeza, y también

con la misma certeza conocer

lo que no ha sido y no será jamás,

no importa lo que se quisiera ser,

lo que es, és, y lo que no es, no será,

más allá de lo que quiera imaginar

lo que existe es a la verdad acorde

y lo que no, aunque mi mente acomode,

jamás a caprichos se acoplará

pues todo el universo tiene un orden.

 

Es por tanto imposible tal desorden,

que no preciso de sabiduría

para hallar en las grietas de la vida

primera verdad y clara certeza

anterior a cualquier filosofía.

La primera es inocente rareza

que mora en las núbiles primaveras;

la segunda se encuentra entre los centros

traspasada por gozos y tormentos;

lejana y misteriosa es la tercera

que irremediable exige su derecho.

 

Capullo y retoño de cualquier verso,

esa primera e inocente rareza

que mora en las núbiles primaveras;

milagro que sublime va animando

al que existir es su naturaleza

y que detenta su vívida esencia

en Certeza de nacer y vivir

y al menos por un instante sentir

las maravillas que abundan doquiera

comenzando su propio devenir.

 

Tórridos flujos de vida y sentir,

segunda certeza que en hondos centros

es traspasada por gozo y tormento

lógico fruto del vivir humano,

que tajante separa sin remedio

a todo lo que haya sido creado

y en honrada encomienda fue entregado

para nuestro mayor goce y disfrute,

así la Certeza del Amor fluye

en pasiones y afectos entregados

y altivas trascendencias que discurren.

 

Finalmente, en el lugar que recurre

menciono el colofón de las certezas,

lejana y misteriosa es la tercera

que irremediable exige su derecho

de llegar intempestiva y artera

en el tiempo en que a bien tenga quererlo,

reclamando lo que es suyo en derecho

y desde inicio se le ha prometido:

\"Tú acompañas el final recorrido

que la vida y el amor hayan hecho

capitulando todo por cumplido.\"