Maxi AristarĂ¡n

Tesoros Al Atardecer

En el horizonte, el sol se va apagando,

y la tierra se tiñe de tonos dorados,

la puesta del sol, un espectáculo divino,

que nos envuelve en su esplendor cristalino.

 

El cielo se tiñe de un cálido carmesí,

mientras el sol se despide, feliz y sutil,

sus rayos derraman magia en el paisaje,

y llenan de paz y calma cada paraje.

 

Las nubes se tiñen de un tono anaranjado,

como si fueran pinceles que han sido acertados,

pintando un cuadro en el firmamento,

donde el sol y el horizonte están cerca y lejos.

 

La brisa susurra suavemente en el aire,

mientras el sol se oculta sin desvanecerse,

los árboles se llenan de una misteriosa sombra,

y la naturaleza se envuelve en una calma sobria.

 

En el horizonte, el sol se ha escondido ya,

el cielo se cubre de estrellas y de oscuridad,

pero su energía dejó una huella imperecedera,

la puesta del sol, un regalo que dura toda la vida entera.

 

Así, cada día, el sol nos regala su partida,

y la puesta del sol nos trae esperanza y vida,

un recordatorio de que siempre hay un nuevo amanecer,

un ciclo eterno que nos invita a florecer.

 

Que la puesta del sol nos llene de gratitud,

por todo lo bello que nos brinda la quietud,

y que siempre encontremos paz en su partida,

sabiendo que pronto volverá, pletórico, a nuestra vida.