jorge enrique mantilla

Amor en las tinieblas

Amor en las tinieblas

 

Una tarde tenebrosa y muy fría, iba rauda una bella mujer por un camino solitario y polvoriento

Cabalgaba a pelo, un caballo ruano de color gris, brioso y muy violento

Iba tan veloz que sus enaguas sueltas, las agitaba el relámpago del viento

Su cabellera jugaba tan fuerte con el aire, como ave que busca el pan para su sustento

Lloraba desconsolada, lágrimas de dolor, de pasión y sentimiento

De pronto cerca de la quebrada de los espantos, el ruano se detuvo en seo, sudoroso, acalorado y lento

El graznido de un cuervo negro, asustó al ruano como un escalofriante mal presentimiento

Y sobre una afilada piedra, la hermosa mujer perdió en la caída el conocimiento

Fue tan fuerte el golpe, que con un hilo de sangre se le salía el alma y el cadavérico aliento

El caballo relinchaba y se fue sin su jinete entre matorrales a buscar entre pastizales su alimento

Y allí en la laja de piedra en un silencio sepulcral, un corazón derramaba lágrimas de tristezas, agonizando su vida y su sufrimiento

Y arriba en lo alto de la colina era esperada por un amor furtivo, pasionario y soñoliento

Un hombre que se robó su apasionado amor, su corazón y la sombra de su enamoramiento

Aquella bella y preciosa mujer, no llegó a la cita a sellar con el amor querido, lo prometido en su juramento

Se movía nervioso de un lado a otro, masticando su soberbia, acelerando los acontecimientos

Llevaba entre sus vestimentas un laso, para no arrepentirse de su sufrido tormento

De pronto un perro negro fantasmal, agitado y echando babaza, pasó junto al hombre, perdiendo entre ladridos su bestial comportamiento

Asustado y nervioso, el amante se puso pálido, mudo, cadavérico y ojeroso, presagiando su fallecimiento

Y en una rama de aquel frondoso árbol, se ahorcó aquel amor, como pelotón que tira del lazo, la pólvora del fusilamiento

Una neblina blanca subió por aquella pendiente a unirse con la sombra, que desprendía del árbol del ahorcado, uniéndose los dos amores de pasiones sedientos

Y así terminaron aquellos amores sus vidas, con actos crueles sangrientos

Una brisa suave arrastró aquellas sombras unidas al compás de sus movimientos

La sangre del ahorcado, rodó por la pendiente a unirse con la de la querida, que yacía muerta y se unieron las dos sangres, en una ceremonia de dolor y encantamiento

Unidas las dos almas volaron al infinito, como una nube de escalofriantes escenas de apasionamiento.

Sus amores siguieron, no en la tierra, sino en otros lares y en otros campamentos

Sellaron su querido amor, con tragedias, con graznidos de cuervo negro y ladridos de un perro fantasmal, con actos espeluznantes y agonizantes violentos

 

“Joreman” Jorge Enrique Mantilla – Bucaramanga, agosto 10-2023