Moisés Sánchez

Alcatraz

Perdí entre memorias todo aquello que sentía,
ciego de falsas historias de amor, e irreal empatía
hacían que no quisiera amar de nuevo,
no quería ser el tímido beso
ni el pudor de un amor naciente.

 

Escribí fuerte mi deseo de sanar 
en la tierra de mi alcatraz,
recé con tal fervor que, loco o no,
vino la lluvia y la regó...
Brotó su botón más blanco que nunca,
¿habrá un mensaje?
obligada fue la pregunta.

 

La cuidé contra el viebto
de la mañana,
del sol de la tardes
y el frio de la noche,
quería creciera sana,
sin ensuciarse siquiera,
tanto fue el deseo de tenerla
que alejé a los insectos y abejas:
¡Hey de mi flor te alejas!
Solo yo puedo cuidarla.

 

No podía esperar verla abrirse
y admirar su aroma,
saberla libre, sana y ahora
supe, mejoré mi persona por ella
¡Jamás había querido tanto una flor!
Algo tiene que me conquistó,
pensar en como será
en lo bella que estará
¡Cómo mi casa va a adornar!
No puedo esperar...
¡No puedo esperar!
No puedo...
No puedo creer,
¿¡De qué murió!?

 

Tanto me esforcé 
en cuidarla que olvidé
le hace falta el viento
para fuerte crecer,
el sol para saber brillar
y la noche oscura
daría fuerza a su raíz...

 

Sin querer, su muerte 
me recordó a lo que viví,
ese amor vehemente,
pasional,
con ganas de verte
mía como siempre...

 

Me recordó al amor
que ya no fue.