Darío Melgar

Efímero amor

Fuiste tú gran alegría,
apareciendo sin permiso,
reinas con algarabía
porque Dios así lo quiso.

Fuiste dueña de mis anhelos
yo un gran sumiso, 
Tú la reina y yo plebeyo,
ese era el compromiso.

Mi bonita te llamaba,
en lo absurdo está lo bello,
tú dos letras me decías,
yo con ello estoy contento. 

En mis brazos te escondías,
un refugio tú buscabas,
Yo me encargo te decía,
mientras lento te abrazaba.

Terrible y funesto el día,
mientras mis sueños te alcanzaban,
agrediste mi valía,
mi bonita me dejaba.

Cuán afilada tuvo que estar
con la que ella no tuvo piedad,
aquella espada que blandiste a matar,
un tajo bastó para darme a llorar.