Enrique del Nilo

INFIERNOS DE CIUDAD

 

 

 

Va filtrándose lentamente el calor

por entre los barrotes de este cuchitril

al que osan llamarle celda,

huérfanos de sol los ladrillos

se maquillan con la humedad de lamentos,

llantos, rezos y hasta gemidos

por los amores quedados

y otros por los conocidos

 

Oigo desde la radio de un policía

que anoche mataron cuatro,

que capturaron a veinte

pero acá ninguno ha entrado

 

Un chirrear de mala frecuencia

desentona a los Hernández

cuando acusan que la jaula de oro

sigue siendo prisión…

¡jaula de oro!

puro hierro enmohecido

reforzado con sudor,

lágrimas y saliva

de tantos que por no llorar

muerden las rejas malditas

 

Hoy trajeron a otro compa

que se le atravesó a la macana

de un indefenso policía;

siete puntadas de ceja

dos costillas quebradas,

dos dientes que en fuga

se quedaron en la reja

 

Para colmo por la madrugada

cuando el poli de turno

se recuerda de su mujer

y al no poder con ella yacer

va esculcando entre la mugre

donde haya un alma quebrada

con que poderse desahogar

 

Algunas mañanas vienen lo misioneros

a decirnos que el cielo está cerca,

que arrepentirnos es necesario…

y por más que miro hacia arriba

donde me dicen que el cielo está

solo encuentro asbesto y rejas

¿dónde andarán las nubes;

Seguirá siendo azul el cielo?

 

Y cuando amenazan con un infierno eterno

todos a coro clamamos

que somos arrepentidos

pues solo nosotros entendemos

que en el infierno vivimos