Doblezero

GOTA

Tu comarca de tallos tiernos,
avanza su paz entre la niebla,
pasando del verde tul al verde hierba,
hasta esa hoja que acumula tu cuerpo
en la punta vencida de su frente,
ante los ojos del alba, entre la madreselva,
bajo el único peso de un sueño
de mercurio con estrellas
tras una noche de luna llena
y ahí quedaste tan quieta,
inconstruible
crisálida de bohemia
y luces.

Como de lagrima dulce, tu silueta
permanece en suspendido misterio,
pareciendo luchar con la insistente
gravedad del centro de la tierra,
inmóvil y valiente,
bellísima esfera,
venida del cielo
como malabarista de escarcha,
eres péndulo silente,
retando al enorme planeta
en indefinible duelo,
gota de agua fresca
y plata.

Tu cuerpo es esa galaxia
repleta de unos seres
que se acoplan, se juntan,
se dividen, se empujan,
y sin poder abandonarla
se preguntan,
¿de que va todo esto?,
pero gritan en vano
porque nadie les escucha.

Tu irresistible mejilla,
quebrantable pompa de color,
exhalado en la explosión de una rosa,
endiabladamente roja de una flor,
que anoche hizo de ti una fantasía
antes de llegar hasta la punta de esta hoja,
resbalando cual centella sobre espina,
que descuajó con un beso de su boca,
por tu piel, un arco iris de mariposas
y ahí quedaste contemplativa
esperando que de nuevo salga el sol
y tranquila.

De pronto, cuando amaneció,
todo el bosque se estremeció,
tu rosal sufrió un escalofrío
y en ese mismo suspiro,
la hoja se doblo
subiendo hacia arriba,
besando a la espina
y tu atravesaste el vacío,
del aire invisible y suspendido
y caías
y caías,
avanzando en sus provincias,
como esfera perfecta, para estallar,
por la hierba esparcida,
en diamantes de rocío
y vida.