B Quinchanegua

Mimosa sensitiva

Mimosa sensitiva:

 

¡La vida es bella! escasa y constante

Como en el horizonte de la aurora la infinitud del rosicler.

Quién diría que entre ondas naturales

Del ímpetu iracundo de la muerte yo podía renacer.

 

Solo alumbran las luciérnagas entre el vallado,

la noche intensa, silencio universal, ¡oh ambrosía!

suenan los murmullos de los grillos camuflados

y apenas se mueven al tacto las sensitivas.

 

El vaho húmedo que del fondo la tierra exhala

se arremolina al compás rítmico y sonoro,

del aletear ágil de una tórtola argentada

que saldrá volando sin rumbo hacia lo ignoto.

  

¡La vida es bella! escasa y constante

Como en opalino cielo el brillo incandescente del fulgor lunar.

Quién diría que entre ondas naturales

Se iba el mal del siglo y la senda del anhelo se volvía a iluminar.

 

 

La bóveda celeste y los robles biselados

conjuntan su hermosura en un acto de consuelo,

celebran con silbidos los pájaros alados

ocultos quedamente entre el pasto y el romero.

 

Y con su influjo absoluto todo lo penetra,

recorre la penumbra el aire ávido y violento,

y disuena su clamor, estremece la tierra,

libera el aroma de los frutos en el huerto.

 

¡La vida es bella! escasa y constante

Como nocturnas proyecciones estelares de menguada candidez.

Quién diría que entre ondas naturales

Del ímpetu iracundo de la muerte yo había de renacer.