AliciaTorres

el paraguas

Caminando por las calles concurridas del centro, en un día lluvioso de Julio, con el cabello recogido y un paraguas protegiendo mis pulmones de un posible resfriado, iba camino de regreso a casa con unas inmensas ansias de recostarme y escuchar mi canción favorita una y otra vez. Los charcos eran cristalinos, tanto que cualquiera que pasara encima o a un lado de ellos podría reflejarse cual espejo, pero absolutamente nadie lo notaba, pasaban demasiado deprisa con sus celulares pegados al oído, cuidando que no se mojaran mientras solucionaban alguna situación al otro lado del móvil. Por suerte me había puesto mis botas favoritas, esas a las que no les entraba el agua aunque las sumergiera en la pecera de Dorothy mi pez dorado, perfectas para saltar en los charcos de agua clara.
Sin importarme el hecho de que estaba salpicando gabardinas, botas, tacones y pantalones de toda aquella persona que rebasaba seguí saltando, como si no hubiera una conglomeración de personas tratando de pasar por un pasillo angosto. choqué con mas de media docena de sombrillas, unas de colores, y otras monótonas y grisosas, del color del cielo nublado.

El cielo comenzaba a tornarse aún mas gris, cuando al pisar un enorme charco empapé por completo a un joven que llevaba ya unos minutos observándome meticulosamente chapotear en la lluvia. En seguida corrí y en mi intento desesperado y torpe de secarlo me percaté de que en medio de su pecho, justo en el espacio que no lograba cubrir su camiseta, se hallaba un diminuto circulo de un área de no mas de 3 milímetros. Muerta en curiosidad levanté la mirada y me disculpé;después de 4 minutos intentando secarlo llegué a la conclusión de que la lluvia no era factor favorable para lograr mi cometido, aún así el joven me sonrío e inclinando ligeramente su torso y haciendo a un lado mi paraguas, mismo que estuvo a punto de sacarle un ojo mientras según yo lo ayudaba, sin decir absolutamente nada procedió a seguir caminando, y yo dando dos pasos hacía atrás lo observé esfumarse, hasta que el viento sopló tan fuerte que me arrebató el paraguas de mi mano y bruscamente soplando en dirección del muchacho mi sombrilla voló, dejando mis pulmones descubierto y mi cabello mojado, como si recién hubiera sobrevivido de un tsunami.
Me quedé parada, correr no cambiaría nada, ya que el viento soplaba demasiado fuerte, era claro que jamás alcanzaría mi bello paraguas amarillo… así que caminé, siguiendo el rumbo a casa, pateando latas imaginarias, pisando charcos pero sin la misma emoción de antes, deseando no enfermarme ya que siempre he odiado el sabor del jarabe que mamá me da cuando contraigo alguna gripa.

Un grito ahogado se escuchaba por detrás de mis hombros, di media vuelta y asomándose por la esquina estaba mi paraguas, ¡que hermoso color amarillo tenía!
Y no era solo eso, el muchacho al que había empapado lo llevaba, de repente una vibración estruendosa hizo que corriera hacia él, mis piernas corrían solas, yo no las controlaba, mis brazos se iban abriendo a razón de cada metro menos que me separaba de él, justo a punto de chocar , mis piernas frenaron y mis brazos lo sujetaron haciendo que mi rostro quedara apoyado de perfil en su pecho y mis manos en su espalda, fue ahí donde descubrí el por que este muchacho llevaba un diminuto circulo en su pecho… yo tenía un lunar del área similar justo a 4 cm de mi oreja casi en mi mejilla, mismo lunar que encajo en su pecho…
Su pecho estaba hecho a mi medida, y sus latidos eran ahora mi Lista de reproducción favorita.