Salva Sosof

¡...LO ÚNICO QUE SÉ!

Parece que nadie parte de aquí,

así como decimos: en paz,

sin añoranzas ni nostalgias.  

 

Al ocaso de la vida,

ya en la cumbre de nuestro cenit existencial,

cuando uno prevé ya su final,

cuando atisba con mirar filosófico el más allá,

porque ya aspira la fragancia escatológica

SIEMPRE VIENE EL ARREPENTIMIENTO,

sobre el epítome de todo un poco

que debimos o no hacer, decir y sentir.  

 

Yo que he visto y he sido testigo

de muchas palabras últimas,

surge en mi pecho la duda casi cartesiana

sobre si algún ser humano de este planeta,

parta al más allá sin un ápice de nostalgia,

tan verdaderamente en paz como se suele decir.  

 

De algo o de mucho nos arrepentiremos.

Los santos, por ejemplo, suele decirse

que se arrepienten del tiempo perdido.

De ahí el refrán en boca de todo mundo:

“tiempo perdido, hasta los santos lo lloran”.  

 

Pero, yo, mi amor, mi vida, mi niña, mi pequeña,

sí, yo, ¿de qué me arrepentiré?

¿De los estereotipos que un día creí,

con los cuales te llamé TENTACIÓN

y tú me etiquetaste de PROHIBIDO

para así no decirte lo tanto que por ti sentía,

para no corresponder como debía y merecías

aquello que tus ojos y tu mirar me decían,

lo que tus labios en silencio y sin palabras

me lo contaban cada vez que, como ayer, nos encontrábamos!  

 

¿Me arrepentiré de haber dado crédito a la gente,

so pretexto de salvaguardar la reputación

y no hacer público los gritos de mi alma

y las mil y tanto de travesuras que hablamos por las noches,

conformándome así con lo clandestino,

pero cierto y verdadero, no simple quimera.  

 

Por último, todavía me pregunto,

si de repente también me arrepienta

de que todo lo que hicimos,

no fue suficiente para decirte cuánto en verdad te amaba

y que si no eras tú y si no es contigo,

prefiero la nada, a cambio de algo.  

 

Pero, al final, sigo sin saber de qué me arrepentiré.

Lo único que sé es que, respecto a ti,

NO ME ARREPIENTO DE NO ARREPENTIRME.